Miércoles, 21 Nov,2018

Opinión / SEP 08 2018

El mercado campesino

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los hombres volvieron a sus casas para ayudar en las labores del campo. Antes, sus esposas habían asumido la ardua tarea de producir la comida mientras ellos estaban en las compañías petroleras que han dejado los suelos del Casanare desolados. Petróleo no hay. Y no les ha quedado otra opción que volver a la yuca, al maíz, al plátano, etc., y abrir medios de comercialización de sus productos. 

Tanto mujeres como hombres llevan todos sus productos al mercado campesino. Alrededor del parque del pueblo llanero, instalan 150 carpas que sirven para indicar que hay feria agropecuaria. Se intercambian los productos bajo un valor justo. Luego, no existe la amenaza de las grandes cadenas de supermercados que cuando se enteran que el domingo es mercado campesino —como sí lo hacen en el Quindío—, despliegan todo su poder publicitario en los principales medios de comunicación para anunciar que el fin de semana se tiene hasta un 50% de descuento en frutas y verduras. Y a eso los economistas le llaman ‘libre mercado’.

En el mercado campesino, se utiliza la hoja de bijao, y hacen con ello una especie de cono para empacar los huevos criollos. Pero comparado con las cadenas de supermercado, los venden en lujosos empaques y con lucecitas para agradar la vista del consumidor. El primero no puede competir en igualdad de condiciones con el segundo. En el llano llano, un mes antes del mercado campesino, se convoca voz a voz. Siendo el único medio que tienen porque carecen de medios de comunicación populares que sirvan para fortalecer la economía local. Y en Quimbaya, cuando se convoca a un mercado campesino de tan solo 7 carpas, hacen un perifoneo un día antes.

El mercado campesino es una muestra que nos indica la falta de oportunidades que tienen los campesinos para comercializar sus productos, y visibiliza que nada pueden hacer en cuanto a estrategias de mercadeo, es decir, cómo ganar frente al poder presupuestal que tienen destinado las empresas para publicidad con el fin de orientar a los consumidores a optar por sus productos. El ‘gran mercado libre’ aplasta al pequeño productor. 

Dice John Rawls, “en estos casos, los consumidores, en general, no pueden distinguir entre los productos de unas u otras empresas, excepto a través de información sobre características superficiales o de poca importancia; la publicidad pretende influir en las preferencias de los consumidores presentando a la empresa digna de confianza, con el empleo lemas, fotografías muy llamativas, etc., todo ello con el propósito de formar o reforzar el hábito de comprar los productos de esa empresa”.

La igualdad, supongo, debe de extenderse y crear medios de comunicación diferencial para los mercados menos favorecidos. La cámara de comercio, señor Rodrigo Estrada Reveiz, debería de pensar en ello. 

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