Sabado, 22 Sep,2018

Opinión / JUL 05 2018

El mundo está enfermo

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Podría decirse que el mundo está enfermo y no de cáncer, hipertensión, artrosis, entre otras; está enfermo de intolerancia, odio, indiferencia, egoísmo, hipocresía, mentira, corrupción, envidia, deshonestidad, irrespeto y muchos más; cada día se van dejando de proyectar los valores, porque en la familia que es donde se fortalecen con unos buenos cimientos, esas bases están muy débiles, porque la educación de los hijos hoy se la están dejando los papás a los abuelos, u otros familiares y los niños y jóvenes no les hacen caso y no se dejan formar.

Hoy le dejan toda la responsabilidad a los maestros en las escuelas y colegios, para que los formen como personas; para que puedan desempeñarse y enfrentarse en la sociedad, pero es muy difícil cuando ya vienen del hogar con resabios y es debido a esto, que muchos no se dejan educar y quieren hacer lo que quieren, sin saber que ellos mismos se están causando daño para un futuro, cuando se enfrenten a una universidad, a una empresa, sin saber que los resultados se dan, gracias a una oportuna formación en valores. Y es obvio que los maestros son unos formadores excepcionales en valores, principios, normas, ya que ésta es su misión, sin importar que sea maestro de matemáticas, sociales, lenguaje, inglés, artística, tecnología, ciencias, religión o ética; cada maestro está formado para proyectar valores y hacer que los estudiantes los refuercen con su comportamiento. Pero claro, como el mundo está enfermo con la carencia de estos, la gran mayoría de los jóvenes se tornan rebeldes, apáticos, sin saber que el daño es para ellos mismos. Viene entonces el choque con los otros, cuando les exigen puntualidad, responsabilidad, honestidad y sobre todo, cuando les piden ser muy éticos, porque no se quisieron formar para responder como corresponde a una persona comprometida con los valores humanos, éticos, sociales, culturales, entre otros.

Se vive en un mundo tan convulsionado, que en muchas ocasiones ni cuenta se da la persona que los valores han dejado de ser parte de su vida y por eso se ufana de lograr muchas cosas a costa de los más débiles y vulnerables. Aplaude ‘la ley del vivo’, ‘del que más saca provecho del otro’, ‘del que da papaya para estafarlo, para cobrarle más de lo justo’. Qué falta de ética la de estas personas que se aprovechan de los demás.
Sí, el mundo está enfermo, Colombia está enferma, el Quindío está enfermo, Armenia está enferma, el barrio está enfermo, la empresa está enferma y el corazón de muchas personas está enfermo; y es el momento de buscar la cura para esos antivalores mediante una reflexión para empezar a proyectar valores éticos que ayuden a construir un mundo mejor; y para lograrlo, hay que empezar por cada uno y el momento es ya, amigo lector.

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