Miércoles, 17 Jul,2019
Opinión / JUN 17 2019

El padre

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El día del padre es para felicitar a quienes han sido fuente de vida y en diversas circunstancias, han dado de sí mismos para que otras personas existan.

Algunos merecen reconocimiento, porque son ejemplo de todo lo que un padre debe ser: firmeza combinada con ternura, apoyo incondicional, consejo sabio, palabra oportuna, consuelo en el momento difícil y de múltiples formas, edificarse, cohabitar con otros en respeto y armonía y, en general, cumplir en excelencia esa función social tan relevante.

Muchos hombres, como el recientemente fallecido Luis Osorio Parra —baluarte de la sociedad, semilla de la que surgieron tres magníficos seres, comerciante honorable y hombre inolvidable para la sociedad—, han hecho una labor impecable como padres. Seres como él son astros, cuya luz jamás se apagará, aunque hayan partido hacia lo eterno.

Ser padre es más que brindar un aporte genético para que surja otra vida, es, durante el tiempo de la gestación, convertirse en ese abrazo que consuela a la madre que espera —y a veces se enferma, y de vez en cuando sufre—. Es quien entrega ternura, suple lo que se requiere y asume el tiempo de formación del hijo en el vientre, con la misma esperanza y alegría de quien está prestando su sangre, alma y piel, para que se consolide.

Durante el parto, es la fuerza que disipa sus propios miedos para anunciar que todo estará bien, para ayudar a mitigar con su cariño esos difíciles momentos.

En las primeras noches, es el generoso que releva a la madre en las tareas de atención al recién nacido y después, el que se va sorprendiendo con todo… los primeros gestos y risas, balbuceos, expresiones inocentes de un rostro que guarda sus propios rasgos. Está siempre ahí, para ser confianza, seguridad y valor.

Durante la infancia, es fuente de certeza. Tiene una misión: mostrar el mundo a su hijo, ser el compañero de juego de su hija, encarnar al superhéroe que muestra como todo se puede: armar un campamento, encender una hoguera, subir una montaña, cruzar un río… Es quien fabrica los momentos más hermosos.

Luego, es la mano que se extiende como apoyo para aprender a caminar y a ir por el mundo, con la convicción de contar con alguien más fuerte dando respaldo.

Su presencia jamás declina en importancia, al contrario… ¿Quién más puede consolar en las desilusiones? ¿Quién logra correr para conseguir el elemento que falta en la tarea escolar? ¿Quién inventa de la nada la respuesta? ¿Quién orienta en la práctica de los deportes? En cada fase de la vida, su palabra es importante y su presencia… insustituible.

En la edad adulta es consuelo y consejo. Mientras sus sienes se van pintando de plata, es cada vez más importante tenerlo; escucharlo, reír a su lado y llorar dentro de su abrazo… Hace falta durante toda la vida y por eso, es un privilegio poder decirle en fechas como esta… gracias papá, eres el mejor y el único. —A Edilberto Alzate Marín, el más grande—.


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