Miércoles, 18 Sep,2019
Opinión / FEB 25 2019

El papa Francisco

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Desde el otro lado del Atlántico, llegó un hombre vestido de blanco. Tiene cara de santo, y frases de sabio. Vino con un mensaje de paz y esperanza. Su voz recorrió nuestra ensangrentada tierra. Colombianos de todas las clases se arrodillaron a su paso, incluyendo políticos desesperados por salir en la foto con el sabio visitante. Los reyes del falsete se arrodillaban a su paso pretendiendo que el papa se detuviera a saludarlos. No lo lograron.

El papa los conoce muy bien. A los jóvenes les pidió que no perdieran la esperanza, y a los políticos, que si querían conseguir plata, se metieran a empresarios. En sus palabras dulces les sermoneó que la política es un don de servicio, y no un refugio de ladrones. De muchas maneras y con sus palabras sabias le pidió a Colombia que combatiera la corrupción y no diera el brazo a torcer en su lucha por la paz. Creo que este sabio hombre, ama al Jesús que pide Antonio Machado en su poema la Saeta, cantado por Serrat. No ama al Cristo del madero, sino al de los gitanos, al de las prostitutas, al de los excluidos, al de los expulsados de la salud, la vivienda y la educación. Ama al Cristo de los obreros, al Cristo callejero, que expulsó del templo a los mercaderes, “la casa de mi padre, es una casa de oración, y no una cueva de ladrones”. Ese Cristo que nos trajo el papa Francisco, es el Cristo que necesitamos en nuestra angustia diaria, Los excluidos de la esperanza. El Cristo del madero, el de los altares, se lo dejamos a quienes tienen convertida a Colombia en el segundo país más miserable de América Latina. Nos quedamos con el Cristo de nuestras angustias, con su energía, para construir nuestro propio destino.

Los políticos que ayer se arrodillaban ante el papa, se pasaron por la faja los siete puntos de la consulta anticorrupción, están haciendo trizas los acuerdos de paz. Van a misa a las cinco de la mañana para que les quede tiempo de robarnos la esperanza el resto de día. Se comulgan y confiesan, y luego salen a pasear su estampa inmaculada, aunque por dentro se revuelvan en su podredumbre.

El obispo del Quindío, en el personaje de la semana, fue muy claro. Es la hora de hacer a un lado a la clase política corrupta del departamento. Es La hora de pensar un Quindío lejos de la corrupción, un Quindío mejor y para todos, fue lo que le entendí al obispo en el programa de Caracol. Sabio mensaje el del obispo, y muy de acuerdo con el del papa, no nos dejemos robar la esperanza. 

En cada esquina, en cada cafetín, en la calle y en la casa, las voces quindianas se expresan aterradas por la corrupción que nos corroe. Es la hora de que la ciudadanía, diga no más, que escuche la voz del papa Francisco y la de nuestro obispo. Es la hora de la esperanza.


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