Miércoles, 21 Ago,2019
Opinión / FEB 21 2019

El péndulo de Foucault

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León Foucault, físico francés, en 1851, después de varios intentos, construyó un péndulo con una bala de cañón de 28 kilogramos recubierta de latón atada a un cable de 67 metros que exhibió en el Observatorio de París. Su invento sirvió para mostrar la rotación de la Tierra sobre su eje.

El experimento consistió en poner a oscilar el péndulo sobre un plano donde iba dejando la huella de una línea recta cuyo trazo cada hora se desplazaba 11 grados hasta completar un círculo. Esto probaba la rotación de la esfera terráquea. Y, por eso, en honor a su creador es llamado el Péndulo de Foucault.

Se construyeron en muchas partes del planeta péndulos de Foucault para que la humanidad tenga presente la habitancia en un espacio esférico que se mueve. Además, muchos de estos péndulos son utilizados en el aprendizaje con los estudiantes para hacer experimentos, ya que también se puede calcular, entre otros, la gravedad ejercida en el lugar donde se encuentra el péndulo auxiliado por ecuaciones matemáticas.

Este gran invento dio para que un pensador de la talla de Umberto Eco escribiera una novela con su nombre: El péndulo de Foucault, en la cual deconstruye el maniqueo mundo exotérico de los templarios.

Como dato curioso en 1951, cien años después, nace en el municipio de Salento, Quindío, el niño Pedro Antonio Ruiz, aficionado desde joven a las ciencias, quien termina estudiando física en la Universidad Nacional de Colombia. Después de trabajar en varias instituciones académicas aterriza en su querido departamento como docente de planta en la universidad del Quindío.

Él, junto a otros profesores, impulsó la carrera de física que hoy cuenta con varias cohortes de egresados: estudiando, investigando en universidades e institutos nacionales y del exterior. El profesor Ruiz se empeñó en construir en el bloque de Ciencias Básicas y Humanas un péndulo que cuelga hasta hoy desde el techo del quinto piso a la base del edificio. Allí invitó a sus estudiantes para hacer experimentos físicos. Ahora, el péndulo está inerte como su diseñador, fallecido en enero de este año.

Varios académicos recomiendan la instalación del mecanismo que lo ponga a funcionar y, una placa en su base memorando al profesor de física Pedro Antonio Ruiz; más una inscripción que no nos deje olvidar la continua rotación de la Tierra.


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