Lunes, 24 Sep,2018

Opinión / JUN 24 2018

El precepto moral

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¿Por qué debo respetar a mis padres? Quien así interroga no merece una respuesta sino una reprimenda. No aprendió la observancia de un precepto cuya fortaleza está en que no se discute; pero que contiene la relación no recíproca de hijos que se deben a sus padres en el respeto. Son intuiciones que a pesar de no contar con argumentos suficientes y decisivos de por qué debo hacerlo, tienen evidencia y poder suficiente que no se cuestionan. 

Estas intuiciones no se bastan por lo piensa, quiere o desea el individuo; para nada cuenta que las acepte o las reproche, pues lo trascienden en todo lo que significa su persona, y si adquieren significado, es en la vivencia diaria y en el trato ordinario que entablan los unos con los otros. La educación, la tradición y la experiencia compartida son fuerzas que afinan el valor moral, y a medida que afloran en la vida del individuo, dan pautas de comportamiento y resuelven las cuestiones prácticas en lo que respecta a la interacción humana. 

El respeto a los padres no es asunto de sentimiento o emoción por el amor que se les tiene, o si se les odia o menosprecia, pues la obligación con el mandato no sufre menoscabo alguno en ninguna circunstancia y no está expuesto a variaciones de ningún orden. El sentido o la interpretación que se le da a la premisa no afecta su contenido, nada de lo que significa se ve modificado, ella vale por si misma y en lo que representa a los fines prácticos de la vida en comunidad.

Las intuiciones tienen carácter inductivo, se afirman y generalizan cada vez que hay ocasión y con cada experiencia en la que se resalta su importancia. Un mandato como “Honrarás a tu padre y a tu madre”, es indiscutible. No queda más que hacerlo efectivo en la forma más noble y grande de lo significa “honrar”. No hay excusa o justificación posible para obrar en contravía del precepto. Tan es así y tan afincado está el valor moral con base en el precepto, que inclusive toma la forma de un muy general principio de justicia, como cuando se legisla sobre la solidaridad y la obligación que tienen los hijos para con los padres que se encuentran en estado deplorable de pobreza o enfermedad. Son conminados al cuidado de sus padres si estos se encuentran en condición lamentable.

En muchos aspectos estas intuiciones son experiencias no analizadas. Es la razón por la que no se ponen en juicio, y si alguna vez se hace, es para perfeccionarlas en su sentido y significado. En parte, la naturaleza y función del precepto obedece a la costumbre. En esto radica la autoridad de la educación y la regla moral. Entonces, por lo regular un buen mandato es unidad indivisa referida al bien, a lo conveniente y lo justo. 

 

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