Domingo, 26 May,2019
Opinión / OCT 19 2017

El referente que somos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ser maestro implica un modelo a seguir, no solo desde el conocimiento que se transmite; más que nada, desde las acciones que en el cotidiano nos caracterizan.


Docentes, padres de familia, autoridades; deberían ser referentes de honestidad, responsabilidad, justicia, equidad, tolerancia y ciudadanía. Afortunadamente muchos maestros y padres de familia son ejemplo a seguir; no así el caso de autoridades y dirigentes, en los que las excepciones son pocas. Por lo tanto de unos y otros se debe realizar un mayor y mejor esfuerzo.

Las nuevas generaciones han crecido viendo a sus adultos faltar a ese deber de ser referentes positivos, que formen desde el ejemplo y no desde el vacío e incoherente discurso o “cantaleta” como le dicen los pelaos ahora. Los niños aprenden más lo que ven, que de lo que escuchan. Que el zar anticorrupción este preso por corrupto, que las noticias informen de bandas delincuenciales dirigidas o conformadas por policías, que los la iglesia tenga enormes deudas morales por las numerosas violaciones a menores por parte de sus sacerdotes, que los políticos suban de manera dudosa y una vez en los cargos se dediquen a buscar su beneficio particular y paguen luego para salir impunes, justamente a aquellos que se supone tienen el deber y obligación de hacer cumplir la ley; pero que hoy todos sabemos que también su conciencia y ética, tienen precio; entre muchos otros ejemplos de referentes negativos, nos tienen ante un panorama desolador en el que la confianza es casi reliquia en el espectro del sentimiento humano.

¿Quién salvará la patria?, ¿en manos de quien está el futuro? Es necesario decir, que señalar, juzgar y renegar de la situación es fácil; pero, ¿que tanto nos revisamos en nuestros actos más simples y cotidianos?. Nos quejamos de la justicia, de los políticos, del sistema… ¿pero, qué tanta responsabilidad ciudadana nos asiste?

Ofrecerle plata al de tránsito para que nos perdone el parte, hacernos los locos con las heces de la mascota, así el vecino se muera de la rabia porque la pisó o su niño se ensucio con ellas en el parque, colarme en la fila, “madriar” al que me pide que sea prudente al conducir, decirle al hijo que nos niegue ante el cobrador, no disculparnos cuando ofendemos a otro, enojarnos cuando nos cobran, ganarnos con el voto cincuenta mil pesos o el tamal, escribir y firmar la excusa para el profesor porque nuestro hijo olvido hacer la tarea, pero dando fe de su enfermedad o situación adversa, en lugar de dejarlo que asuma su irresponsabilidad, aprovechar cualquier papayaso, y todas esas “avionadas” que nos caracterizan, porque eso sí, nosotros no somos bobos, no nacimos ayer y sí que somos avispados.

El ejemplo no es la mejor manera de formar y educar, es la única, he escuchado en muchas ocasiones; sin embargo, nos empeñamos en hacer “la fácil”, en olvidar que somos adultos y que desde el roll que desempeñemos, sea cual fuere, alguien nos observa y aprende de nuestro comportamiento; que son esas pequeñas cosas, las que nos definen y las que constituyen el ejemplo que damos; y que precisamente, deberíamos corregir para poder con autoridad moral, exigir de otros el cumplimiento honesto del deber, el comportamiento correcto y cívico en todo lugar y la contribución al cambio que nuestra sociedad requiere con urgencia.

Criticar o juzgar sin autoridad moral para hacerlo, o ser indiferentes y optar por ser simples observadores, constituye una falta al “deber ser”. Transformar la realidad no es una cosa sencilla, pero tampoco imposible. Cumplir con el deber, sea cual fuere y constituirnos en referentes de lo deseable, lo decente, lo correcto, ayudara en inicio a vislumbrar el camino para una sociedad más justa, equitativa, incluyente, armónica y deseable para nosotros y nuestros hijos, para consolidar la humanidad que nos asiste y que debe imperar individual y colectivamente si es que queremos una mejor vida. Entender que nuestras acciones definen el tipo de referente que somos, nos permite revisarnos y comprometernos con la responsabilidad social que tenemos desde los roles que desempeñamos.


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