Viernes, 24 May,2019
Opinión / NOV 18 2018

El rugido del león

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Existe un sinnúmero de personajes civiles, políticos y militares, quienes tuvieron un papel fundamental en la Segunda Guerra Mundial (WWII). Este suceso que marcó el devenir del s. XX, se configuró como el hecho más catastrófico hasta el momento, se calcula que la cifra de muertes presentadas supera los 50’000.000 de personas; sumándole el holocausto judío, el hambre sufrida y el trauma psicológico de los militares al volver a sus hogares. Igualmente desaparecieron ciudades con su infraestructura y se afectó la producción agraria. 

Winston Churchill, nació el 30 de noviembre hace 144 años en Blenheim, Inglaterra. Fue un destacado político británico, quien combatió en la Primera Guerra Mundial y fue corresponsal de guerra para diversas publicaciones; acciones que lo popularizaron y le permitieron dedicarse a la política. Al empezar la WWII, fue designado primer lord del Almirantazgo y, en mayo de 1940, fue elegido primer ministro.

Premio Nobel de Literatura en 1953, fue nombrado como “el más grande de los británicos”, su legado sigue vivo aún después de más de 50 años de su muerte. Churchill con su liderazgo permitió lograr la unión de cuerpo y alma de la comunidad británica en momentos fundamentales que representaron los horrores de los bombardeos de la Fuerza Aérea Alemana sobre las principales ciudades del Reino Unido. Él logró subir la moral de las fuerzas armadas y del pueblo, manteniendo fuerte el país hasta al final de la guerra.

Estadista y líder en tiempos de guerra y paz, Churchill fue sin lugar a dudas el guardián de la moral de la nación, ya que con su experticia vaticinó la mayoría de los hechos sucedidos. Trabajador incansable, a sus 66 años de edad inició a dirigir las operaciones militares y diplomáticas de la guerra, insuflando a todos su energía y contagiando su optimismo.

Churchill, advertía sobre la rendición de Inglaterra “si se cae ante las huestes nazis, caerán todos los países que conocemos; todos irán a un profundo abismo de una era oscura y siniestra”. De ahí se entiende que era en verdad el hombre indispensable; el mundo estaría hoy irreconocible, totalmente apagado, empobrecido y torturado. Su liderazgo fue esencial para doblegar el mal que por esos días corrompía al mundo. 

Contagiémonos de su legado al entender que la primera condición para la formación del carácter de líder es cómo enfrentar las situaciones críticas, entender que el triunfo siempre llega para el que persevera, integrando el mejor equipo y consiguiendo lo mejor de ellos, y, finalmente, corresponder con lealtad y fidelidad a los ideales y nunca renunciar a estos. Esta fue la enseñanza de “El León Británico”, quien un día ofreció esta modesta respuesta: “el león británico fue el pueblo, yo solo di el rugido”.


@TcBedoya


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