Miércoles, 21 Nov,2018

Opinión / JUL 29 2018

El síndrome de impaciencia

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El síndrome es la certeza de que no hay tiempo de nada.

Zygmunt Bauman señala cuatro aspectos de la educación moderna: 1) el síndrome de impaciencia, 2) el conocimiento, 3) el cambio contemporáneo y 4) la memoria. Hago referencia al primero, “el síndrome de impaciencia”, que es la misma certeza de que “no hay tiempo de nada”. Hoy la realidad tiene la forma del vértigo. El tiempo es enano, no alcanza para nada. Es como el rey Midas, todo lo transforma en el movimiento de lo útil, lo productivo; en el consumo y goce de mercancías que por doquier están a la mano. Las cosas han entrado en tanto frenesí, que no hay forma de ir al ritmo de ellas en lo que prometen y ofrecen, pero están a disposición de quien pueda procurárselas.  

El tiempo medido, el tiempo social, de calendarios y relojes, es el tiempo de la economía, de los procesos productivos, del control del orden social y de la sicología en la que se ve inmerso el individuo. Un tiempo que al parecer actúa por cuenta propia y a entera voluntad. El tiempo convertido en fetiche: “El tiempo todo lo cura”, “Dejad que pase el tiempo,  verás cómo se arreglan las cosas”, “Para verdades, el tiempo”, “Para ya es tarde”. El tiempo es así una fuerza conmovedora; tiene tantas formas de existir que por momentos desconcierta: tiempo sicológico, tiempo objetivo, tiempo físico, tiempo social, etc. Sabemos que el tiempo se encuentra en el transcurrir de las cosas, en los acontecimientos, en todo aquello que conserva para sí una identidad y una permanencia. Pero como diría Kant, el tiempo es una categoría de “nuestra (humana) intuición y no es nada en sí, fuera del sujeto”. ¿A qué tiempo apunta entonces la educación líquida, según Bauman? Tendría que ser el tiempo de la subjetividad humana. Y de ser así: ¿qué se ha transformado en el hombre para que el tiempo adquiera en la actualidad semejante acelere?

Las cosas estarían contenidas en el tiempo y les pertenece como cualidad insensible  inscrita en su solidez y en el espacio de su existencia. La luz se desplaza en el tiempo, pero la luz sin el tiempo es nada, y no se concibe sin un sujeto que ha hecho de ella objeto de conocimiento y manipulación. Como lo señala Korzybski “el tiempo es un sentimiento producido por las condiciones de este mundo”. 

El tiempo es como la razón de la existencia. Tenemos por tal motivo, percepciones de tiempos cortos, tiempos largos, tiempos intermedios, tiempos lentos, tiempos acelerados, que en un agite de sociedad moderna, con la era de información y circulación que todo lo trastrueca, nos deja como sacudidos y muy desorientados. Mundialización de la economía y de la cultura; el fragor del instante, un tiempo líquido, que la educación incorpora y tendrá que aprender a darle la cara.

 

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