Domingo, 23 Sep,2018

Opinión / AGO 26 2018

El tiempo de la economía

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La manzana que se consume en jugo de caja y evita la dispendiosa labor de lavarla, pelarla, cortarla, mascarla y hasta digerirla. Terrible sensación de que el tiempo lo es todo y no hay tiempo de nada. “El tiempo fastidia… es una faena… es arbitrario… es un desaire a la libertad humana”. Gratificación plena, placer máximo, disfrute instantáneo, valores que identifican a gente ávida de cambio, con el lema: “nada es a largo plazo”. 

El tiempo diluido lo ve Zygmunt Bauman en la práctica de los atajos (la vía más rápida y expedita de conseguir algo). Servirse de cualquier recurso para acelerar las cosas, acceder a ellas lo más pronto posible, a veces, sin reparar en la forma de hacerlo. La ambición política, por ejemplo, se sirve por lo regular de pactos y alianzas en los que hay que “ensuciarse las manos” o actuar de modo corrupto. Muchas de las motivaciones humanas bordean los límites de lo correcto y no dan lugar a madurar para conseguirlo. Es el modo de la economía, que ha invadido todos los intersticios de la actividad humana para decirnos que las cosas deben ser de una vez. Bauman cita a Richard Sennett: La corrosión del carácter, para enfatizar en lo invasivo de la economía moderna por su forma de organizar el tiempo, y por cómo afecta el tiempo de trabajo.

Las personas no se ven viviendo de un trabajo asalariado, con el que puedan pretender un compromiso de largo aliento para mínimamente cubrir obligaciones y satisfacer algunas necesidades. Pocos empleos ofrecen estabilidad y la seguridad de que un día se obtendrá la recompensa de una jubilación. Tampoco es que se quiera una vida dedicada a una labor rutinaria, repetitiva, de hacer las mismas cosas año tras año y al final obtener solo la satisfacción por la labor realizada, como sucedía con los abuelos y padres que fieles a una empresa o a un oficio permanecían por los años a la espera de hacerse a un techo, un alimento, salud y la educación de los hijos. Esto les permitía la subsistencia básica y por lo menos construir un relato de vida, vivir en una “jaula de hierro”, como lo llamó Max Weber, que ofrecen la racionalización del tiempo y las normas de antigüedad. 

Tildar de asalariado a alguien es la mayor ofensa. Como si se le endilgara el título de perdedor. Se nos pide salir de la zona confort. Cambiar de trabajo, de lugar, de pareja…ir siempre por la mejor oferta. “La fuerza de los vínculos débiles”; todo va a la deriva. Ninguna seguridad, nada de aferramientos, las cosas, los empleos y los vínculos son provisionales. No hay identidad de nada, ni lealtades ni afectos por una profesión o empresa que no ofrezca los réditos esperados. Ganancia en corto tiempo y con poca inversión, esa es la consigna.

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