Viernes, 19 Abr,2019
Opinión / SEP 28 2018

‘En átomos volando…’

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Como Ricaurte en San Mateo, el partido Liberal voló en pedazos, proceso que se ha cumplido en la medida que los principios y la ideología se diluyeron en mezcolanzas burocráticas y en apetitos personales de poder y de riqueza, que reemplazaron el servicio a las comunidades a partir de principios, como el Estado laico, la educación ‘obligatoria, gratuita y laica’, la moneda sana, es decir, con mínima inflación; la independencia de poderes, el centralismo político institucional, con autonomía regional administrativa y otros ‘juguetes’ que identificaron al ‘viejo y glorioso partido Liberal’, radicalmente distintos esos principios a los de su tradicional contradictor, el conservatismo, todo lo cual se quedó en veremos por la absurda y nefasta violencia política, que concluyó en un acuerdo bipartidista, que les dio entierro de tercera a las ideas, para que florecieran sobre sus cenizas, como ‘las flores del mal’, el clientelismo, la voracidad burocrática, el mercadeo politiquero, las alianzas perversas con las mafias y, como engendro de toda esa orgía, la corrupción, una hidra de varias cabezas, como la mitológica, sin que se vislumbre Hércules posible que acabe con ella, aunque todos los candidatos a cargos de elección proclamen que lo harán. Sin embargo, pasa el tiempo, y, como en los partidos de fútbol que van 0-0, ‘de aquello nada’.

Democracias que carecen de organizaciones políticas identificadas por ideas de gobierno inspiradas en el bienestar del pueblo; con legisladores que son, en su mayoría, arribistas con objetivos y aspiraciones inconfesables; y sistemas jurídicos que se negocian en oscuros rincones, ofrecen el melancólico espectáculo de un circo pobre, con la carpa rota, sin payasos ni maromeros; con fieras sin colmillos ni garras; elefantes artríticos y pobres muchachas ligeras de ropa, que buscando un aplauso se destripan, para inspirar tangos arrabaleros.

La desbandada liberal, que han hecho evidente algunos dirigentes de larga trayectoria, desengañados por el manejo que se le ha dado a la dirección nacional y por la pobreza de las representaciones regionales, con seguridad será seguida por la del viejo conservatismo, cuya dirigencia es enigmática, nadie la conoce; y por la de partidos políticos de ocasión, surgidos de caudillismos, cuya permanencia en el tiempo está ligada a un nombre específico, que, cuando desaparezca el sujeto, se volverán humo. ‘Muerta la perra, acabada la chanda’.

Del trapo rojo, que fuera emblema glorioso del partido Liberal, no quedan sino los dulce abrigos de los que cuidan carros; los tres vivas del viejo López son un eco distante que no inspira nada; y a los oradores elocuentes, que enardecieron multitudes y llenaron plazas, los reemplaza cualquier cantor de despechos, con mucho mejor éxito.

“Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora, campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa”.


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