Lunes, 20 May,2019
Opinión / ABR 21 2019

Encrucijada social

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La realidad actual, convulsiva y violenta, contiene formas de represión sofisticadas, gobiernos impositivos y prepotentes, pérdida de confianza en las instituciones públicas, economía fuera de control debido a los vaivenes del mercado financiero y el comercio ilegal y criminal, y la política que ha contribuido a la precariedad y la exclusión social, narcotráfico y corrupción; elementos para pensar en el reto más grande de hoy: la desaparición de las sociedades. No vale ni siquiera aferrarse a valores sacralizados como Estado, religión, política, economía, progreso, movimientos sociales, costumbres, todos ellos han perdido legitimidad y no funcionan como instrumentos de cohesión social y creatividad humana.

Se proclaman salidas que vienen a ser peor que la enfermedad. De ahí que de nuevo la patria y las fronteras son un comodín para enfrentar al extranjero y a todo aquello que no encaje en las creencias de una población dispuesta a defender a ultranza posiciones extremas de conservadurismo. Principios de liberalismo radical que alguna vez orientaron la acción, y fueron parte fundamental de constituciones políticas, se repudian o se critican porque al parecer generan anarquía y descontrol. Se prefiere cierta seguridad laboral y el disfrute y satisfacción del deseo aunque se haya de vivir en un sistema de gobierno represivo y despótico. Miedo a la libertad y a decidir por cuenta propia mediante la facultad intelectiva y bien informada es lo que predomina en el momento. 

Equilibrio y equidad social, ecuanimidad, solidaridad, racionalidad e instrucción pública no representan nada sino están al servicio de todos sin discriminación alguna. Lo más indicado es la defensa de la educación y el valor de la empatía que haga de estos principios el objetivo primordial, pues en ellos descansa lo que va quedando de sociedad, sin olvidar la existencia de derechos humanos, que han visibilizado a minorías que piden un reconocimiento y un espacio donde se les deje vivir libremente. Esto supone romper cadenas que oprimen y envilecen como el odio, la violencia, el rechazo y toda forma de destructividad humana. 

No tendría que ser imposible el respeto a toda forma de vida, a la inteligencia y el juicio crítico, a la moral del bien y la ética, y a la justicia como valor universal. Rescatar principios fecundos del ideario común de sociedad abierta e incluyente, donde las diferencias son fortaleza para el entendimiento y el bienestar de todos, y en las que se forjan imágenes posibles de humanidad, es lo mínimo para restablecer los delgados hilos que nos unen. De lo contrario es regresar a un oscurantismo, terrible y tenebroso.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net