Jueves, 20 Sep,2018

Opinión / SEP 07 2018

Encuentro de escritores

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Hace doce años iniciamos en Calarcá el encuentro de escritores, con el apoyo de muchos ciudadanos—entre ellos Jorge Humberto Guevara, Gladis Sierra Parra, Álvaro Jaime Ospina— de la gobernación del Quindío, orientada por Julio César López Espinosa. En ese tiempo, también, Marllie Alonso Gaviria, con entusiasmo, nos apoyó. 

Nuestra idea hace doce años —cuando se hizo un primer encuentro regional— era auscultar el ambiente para iniciar al año siguiente el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales. El propósito ha sido actuar en la sociedad quindiana para promover el valor de la lectura y, de contera, recuperar para los quindianos la simbología literaria y política de Luis Vidales Jaramillo, un intelectual poderoso por sus pensamientos y su catadura estética.

Nunca pensamos que fuera fácil. Luego llegaron al encuentro Luis Vidales gestores como Cruz Ángela Cardona, Lina María Cocuy, Jaime Lopera, Juan Felipe Gómez y Ángel Castaño, quienes impulsaron el proyecto con la fundación Torre de Palabras, constituida para defender el valor de la vida, de la lectura y del ansia de todos nosotros por compartir los mundos maravillosos de los libros.

El país en estos doce años ha cambiado mucho, a pesar de lo dicho por nuestro invitado para la inauguración en este año, el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, y poco a poco, a través de las nuevas realidades educativas y tecnológicas, el conocimiento viene destapando las cañerías de una sociedad taponada por lodazales de doble moral. 

La literatura, como lo advierten los escritores, permite un ejercicio de memoria colectiva, a contrapelo de la necesidad de las élites de esconder la realidad pasada y de mantenerla inmóvil, suspendida en la nebulosa de los aplausos acríticos. Hemos conversado en este tiempo con decenas de escritores, cineastas y músicos, alrededor de todos los géneros y de una nación que se resiste y hace repulsa al ejercicio de una civilidad dialógica y argumentada.

Ahora bien, que el país haya cambiado no ha permeado mucho los procesos y las reglas de juego para la gestión cultural. Cada día se hace más difícil avanzar hacia la financiación de los proyectos, toda vez que la Nación, el departamento y los municipios, y la misma empresa privada, entienden aún la estética como un accesorio del desarrollo sostenible. Quedan rezagos de algunas prácticas del medioevo, cuando el arte era el entretenimiento frívolo o el gesto bufonesco del poder monárquico.

Este año pudimos avanzar en más de una decena de colegios con los talleres de lectura y escritura, hicimos un seminario para niñas y niños elegidos en Calarcá, y seleccionamos a Kevin Giraldo López, del establecimiento Rafael Uribe Uribe; Carolina Ruge, del Román María Valencia y Dylan Jaír Ramírez del Segundo Henao, como los mejores lectores en los establecimientos educativos. 

El apoyo de la secretaría de Educación ha sido clave para realizar el ciclo pedagógico, al igual que el respaldo de los estudiantes de la licenciatura de literatura y castellano de la universidad del Quindío.

El Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, como el Cuyabrito de Oro, los festivales de teatro, el encuentro de música campesina, entre otras iniciativas de valor histórico, urgen de una ordenanza departamental que soporte la financiación y el calendario mancomunado de los grandes eventos del Quindío.

Hemos hecho bastante, así lo dicen los resultados, y necesitamos la solidaridad rotunda de la sociedad quindiana.

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