Martes, 18 Sep,2018

Opinión / ENE 07 2018

Estímulo sensorial y realidad

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El conocimiento en lo elemental es de carácter inductivo. Se nos señala esto o aquello por indicación directa y por lo regular con el concurso de una expresión verbal: “esto es…”; “aquello es…”; “si esto, entonces esto otro”.

Aprendemos a concebir las cosas y los cuerpos por sus contornos o el perfil que adquieren ante nuestra mirada. Y no solamente les adscribimos un perfil sino que le atribuimos una identidad. La identidad de sus diversas apariciones en un tiempo transcurrido –la roca que tengo entre mis manos es la misma que vi ayer al pie de la puerta. Quiere decir que aun con los cambios y contingencias ella no dejará de ser lo que es. Algo en su esencia o fundamento lo será todo el tiempo. El cuerpo de la roca tendría que ser el mismo en la próxima ocasión en que lo afrontemos. En la perspectiva del conocimiento la roca en mención conservaría su identidad de modo inexorable y definitivo. Y esto en razón a que desde muy niños aprendimos a fijar en los cuerpos patrones de identidad y diferencia. En lo que percibimos de la roca, y por la existencia de rocas, nos lleva a creer en una naturaleza que es eterna, que se mantiene en todo tiempo y lugar incluso si esa roca en particular (roca accidental) se ve modificada en su composición física o química. 

Una roca en su singularidad no contiene ni abarca por completo la comprensión del término roca, pero sí es representativa y suficiente a los propósitos de identificación de un cuerpo designado por un término general que  contiene las expresiones con las cuales nos referimos. Así que una roca propiamente dicha no es más que una manifestación, lo que aparece y se conforma con la sensación de una esencia y una existencia insertas en la imaginación de los cuerpos, de las cosas, que ha sido el fruto de un conocimiento familiar por años de escolaridad, aprendizaje y experiencia.

Tenemos el conocimiento de una roca y la percepción de la misma por trato sensorial inmediato. Dicha percepción está ligada al uso de palabras como cuando se nos dice: “esto es una roca y es de color gris”. En adelante la palabra “roca” y el adjetivo verbalizado “gris” siempre irán juntos cada vez tengamos una experiencia similar. Color, textura, dureza, consistencia, peso, tamaño, son atributos aplicables a cualquier roca en particular y mediante los cuales la distinguimos a efectos de comparación y clasificación. Una identidad entre el ser y el pensar resulta de este ejercicio de cotejamiento. La roca es lo que se atribuye en términos de recursos verbales, la roca imaginada, la roca pensada, la roca de cuyo comportamiento regular no dudamos nunca, en eso consiste su realidad.  Conocimiento con cierto grado de certeza. La roca abstracta (intangible, universal) y la roca propiamente dicha, la roca en concreto (un particular), alterable, manipulable, deleznable. La roca constante y la roca objeto de transformaciones y expuesta a cambios, en esto radica el conocimiento. Con la ciencia y el refinamiento del lenguaje se distinguen tipos de rocas y se les llama por su nombre: rocas metamórficas, ígneas, sedimentarias, distintas en origen y propiedades. Pero la inducción no basta al conocimiento, se aprende también por imitación y analogía como modos más sofisticados. 

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