Martes, 20 Nov,2018

Opinión / MAY 21 2018

Ética ciudadana

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En el marco de acontecimientos que han convulsionado nuestra realidad política y administrativa y en fecha cercana a las elecciones presidenciales —oportunidad para elegir a quien ha de liderar los destinos de Colombia en un momento histórico especial—, vale la pena reflexionar sobre la ética como imperativo ciudadano y las obligaciones axiológicas que nos corresponden.
 

Somos las personas más importantes de la República, en nuestras manos descansa el poder: para reformar la Constitución, elegir a quienes han de aprobar las leyes, escoger a los que han de gobernarnos y en general, tomar las decisiones que incidirán en la vida de todos.

Conscientes de la magnitud de estas posibilidades, debemos obrar en consecuencia y al mismo tiempo que analizamos el comportamiento de nuestros líderes, desde el juicio —a veces informado, en otras, no tanto—; es oportuno que demos una mirada a nuestro interior, que nos preguntemos quiénes estamos siendo para este país, de qué manera nos estamos desenvolviendo en nuestro accionar cotidiano.

Reclamamos ética en el manejo de lo público como antídoto frente a la corrupción y está bien. Resulta urgente. También lo es que tomemos un espejo y veamos nuestro rostro para examinarlo. ¿Qué nos dictaría la ética ciudadana?

Primero, que seamos responsables con aquello que decimos del país, el departamento y la ciudad. Es propicio hablar de lo que ocurre, con la mayor objetividad que se pueda y siempre con el ánimo de construir y proponer, generar cosas nuevas y cada vez mejores. Quienes se limitan a criticar, sin fundamentos, ni propuestas; solamente contaminan su entorno inmediato, sin crear soluciones, ni alternativas.

Segundo, que entendamos que un voto hace la diferencia. Hemos de ser más responsables, ejercer ese deber con una dimensión cercana a lo sagrado y elegir a quien mejor refleje el sueño de país que tenemos en el pensamiento.

Tercero, que asumamos que la primera forma de honestidad nace en nosotros. Es fácil censurar a quienes creemos que han obrado mal, sin embargo, la honradez inicia en cosas sencillas y lo contrario también. El compromiso primario debe ser con mi propia incorruptibilidad.

Cuarto, que conozcamos más la realidad. Es superficial y temerario ser eco de la opinión ajena, creerse con autoridad para hablar de aquello que se ignora. 
Colombia es asunto de todos, qué bueno tomarnos más en serio la idea de construir juntos, con compromiso y dedicación el país que anhelamos.

Que sea masiva la presencia en las urnas el domingo, que la transparencia se convierta en el color que nos cobije a todos y que gane el mejor, ojalá en primera vuelta, pues son altos los costos de la segunda y desgastantes los procesos proselitistas. 

Edificar la Colombia que soñamos depende de cada cual, empieza por ti y por mí. 

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