Lunes, 19 Nov,2018

Opinión / JUL 02 2018

Experiencia mundial

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Una alegría indescriptible nos ha entregado la selección Colombia, primero al clasificar al Mundial de Rusia 2018 y luego, al haber tenido ese apoteósico triunfo ante Senegal. Histórico y emocionante.

Sé poco de fútbol, sin embargo, reconozco lo que representa para esta Nación poderosa, emprendedora, feliz y también, con muchas heridas por sanar en el alma colectiva, sentirse en el grupo élite de este deporte a nivel planetario. Somos grandes, talentosos y nuestra selección es una muestra de ello.

Inolvidable el paso de Colombia por Rusia, la esperanza está puesta en que brillemos como lo hicimos y sigamos avanzando rumbo a la codiciada copa universal.

Muchas lecciones para atesorar de esta experiencia mundial:

Primera. La fuerza del equipo está en la relación que construyen sus miembros. Los pases perfectos, la complementariedad de las fortalezas individuales, el apoyo de los unos a los otros para construir primero jugadas majestuosas y luego goles increíbles… esto es una muestra de cómo debe articularse el trabajo colectivo, para lograr los mejores resultados. Entre más sinergia se genera, mejores logros se conquistan.

Segunda. La capacidad para reinventarse es un gran poder. Fue difícil el partido contra Japón… Hubo descoordinación y tristeza, sin embargo, la serenidad de un técnico maduro y depurado, hizo que rápidamente se evidenciaran los desaciertos, se corrigieran y la selección se reinventara en una versión mucho mejor de sí misma. Lo que vimos en el duelo con Senegal es exponencialmente superior ¡y son las mismas personas! Un rediseño a tiempo marcó la total diferencia.

Tercera. La mirada debe estar puesta en las fortalezas propias, no en las condiciones del adversario. Debe conocerse al contendor, por supuesto, para afinar las estrategias y armonizarlas con las características particulares del otro, no para sentirse inferior o dejarse intimidar. Hay que creer en sí mismo, en lo que se es y se tiene, en las capacidades propias. Esta es una clave poderosa de éxito en el deporte y en la vida.

Cuarta. La emoción colectiva genera un impacto. Ese domingo ante Senegal, como en pocas ocasiones, nos unimos todos. Una sola camiseta, la misma bandera, idéntica zozobra en momentos cruciales y un grito al unísono en cada maravilloso gooooooooooooooooooool. Un país unido logra lo que se proponga.

Quinta. La fe mueve balones. Es común en nuestra cultura que cuando se presenta un fracaso, se pierda la esperanza —o por lo menos se opaque— y se ‘baje la guardia’, sin embargo, creer en la selección fue algo que hicimos todos con mucha fuerza y lo estamos haciendo ahora. Que sea lo mejor para esta Nación, que valoraría como pocas una alegría mundial, en el siguiente partido y en los que puedan venir.


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