Jueves, 23 May,2019
Opinión / OCT 26 2017

Familia, Estado y Escuela…

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Los hijos, lo son para toda la vida y como adultos y padres, tenemos el deber de formarlos en valores, carácter y una adecuada autoestima.


La educación es una responsabilidad social compartida, y en ese sentido, el Estado debe garantizarla como derecho fundamental,  mediante programas pertinentes, con una administración y financiación adecuada y suficiente. Debe  además,  contribuir a generar las condiciones para que todos tengan oportunidades reales de desarrollar un proyecto de vida digno. A  su vez, la escuela y maestros juegan un roll social de gran importancia en la formación  académica de niños y jóvenes, pero además reafirman y coadyuvan en la formación integral, es decir, en ciudadanía, convivencia, valores y todo lo que implica la interacción social, con miras a lograr el desarrollo humano, desde  la equidad, justicia, inclusión, tolerancia, entre otras. Pero es a la familia a quien le corresponde perfilar desde los valores que vivencia en su seno, el tipo de persona, de  ser humano al que le están apostando desde el ejemplo, siendo referentes deseables y necesarios para lograr que sus hijos sean lo que esperan humana, ética, profesional y socialmente. 

La Escuela es un laboratorio en el que los niños, niñas y jóvenes, se exponen a dos procesos de gran relevancia para  llegar a ser adultos con la capacidad de desenvolverse de manera adecuada. Se pretende aprendan conocimientos que aplicarán en la resolución de problemas cotidianos y serán la base para decidir su formación futura; y se ejercitan en la socialización, en la convivencia, al estar por once  años compartiendo con todos los miembros de la comunidad educativa (pares, docentes, directivos, administrativos), se espera que desarrollen capacidades para vivir en la diferencia, la pluralidad, afrontando los problemas y retos que esto conlleva. 

Estado, familia y Escuela comparten la responsabilidad desde sus competencias específicas, que han de verterse y expresarse en el entramado social, de garantizar un derecho que desde las condiciones adecuadas, la atención  y orientación del proceso educativo y el tutelaje primario y esencial de los padres, dé como resultado seres humanos con conocimiento, críticos, comprometidos, éticos, solidarios y capaces de diseñar y gestionar su proyecto de vida en un escenario social donde el fin supremo sea el bienestar común. 

Es necesario decir que en los tres estamentos hay serias deficiencias, unos por falta de políticas adecuadas para un verdadero desarrollo humano que se suman a la des financiación de la educación, otros porque por falta de presupuesto se ven obligados a trabajar con las uñas y los últimos, porque creyeron que la escuela es guardería o responsable de suplir las deficiencias del hogar, como cuando un padre de familia le pide al maestro que le exija a su hijo que porte bien el uniforme, dejando entrever el enorme faltante de autoridad de los padres sobre los hijos.

El Estado actúa en función de ciertos intereses (y sabemos que aún estamos lejos de una sociedad justa), la Escuela hace hasta donde le es posible, pero se requiere del acompañamiento constante de los padres de familia desde el compromiso con la formación y futuro de nuestros hijos; apoyando a los docentes en su papel de educadores, exigiendo del estado la salvaguarda de una educación pública, gratuita y de calidad.

Los hijos, lo son para toda la vida y como adultos y padres, tenemos el deber de formarlos en valores, carácter y una adecuada autoestima (el hogar ha de ser manantial de amor protector), que los mantenga lejos de vicios, adicciones y problemas propios de la adolescencia, justo cuando están susceptibles a tendencias, presiones de grupo, la inexperiencia y criterio voluble. El deber cumplido se evidenciará en excelentes ciudadanos, hombres y mujeres gratos, buenos seres humanos dotados de conocimiento con el  que contribuyan desde su crecimiento personal, a la materialización de un mejor mundo.


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