Jueves, 20 Sep,2018

Opinión / AGO 13 2018

Fanatismo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Con la intolerancia que se siente y corta en el país durante los últimos días, recuerdo la gran discusión de los periodistas deportivos para establecer diferencias entre hinchas y fanáticos. Existen tantas versiones como estado de ánimo de comentaristas, desde los más fogosos a los menos despeinados. La definición más corriente de fanatismo es “pasión exacerbada e irracional hacia algo”, y de fanático “que defiende algo con fanatismo, pasión o tenacidad excesiva una creencia, idea o una opinión”.

Durante la presente semana se han escuchado discursos, que sin importar la imagen del país o la realidad nacional van contra alguien, más que en favor de otro. Ejemplo de ello un discurso inoportuno y desmentido luego por técnicos y medios de comunicación, que dejo en claro la actitud de presentar una lucha fanática contra alguien, más que la construcción de la Nación.

Ya los partidos contrarios parece ser que se burlan de los otros en privado y público, como si el objetivo fuere hacer quedar mal al otro, o simplemente causar mala imagen o daños que en últimas no solo causan perjuicio a personas y colectividades, sino a todos los colombianos. Y no excusemos a ningún partido o movimiento de tal actitud y comportamiento, al parecer los partidos se han convertido en expendedores de avales, inscriptores de listas y se han olvidado de los principios y las ideas que nos dicen sobre la necesidad de convivencia, tolerancia y respeto por las ideas ajenas y la libertad de pensamiento.

Verdaderos grupos de fanáticos al parecer conforman las colectividades, a tal punto que hasta entre los copartidarios se atacan y vetan a tajo y destajo. Las decisiones oportunas y necesarias por haber sido tomadas por el contrario son malas sin importar el colectivo partidista o social. La comunidad pasa a segundo plano cuando de enfrentar al enemigo político, dentro o fuera de los partidos, se trate.

Queda entonces la reflexión sobre lo que está ocurriendo en la política nacional, donde cualquiera accede a la representación de los ciudadanos o a dirección de los entes y entidades territoriales sin ninguna formación al respecto. Para concluir, como en el fútbol, dentro de la cancha somos rivales enconados, y una vez fuera de ella seguimos siendo amigos y atrás queda la confrontación, aquí debemos decir que quienes perdieron las elecciones siguen siendo nuestros conciudadanos y merecen respeto por sus ideas, pero ya pasó el debate, y no son nuestros enemigos.

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