Domingo, 15 Sep,2019
Opinión / JUL 27 2019

Fuerza espiritual

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“La búsqueda de la espiritualidad no es un beneficio añadido a nuestra vida; algo en lo que te embarcas si tienes tiempo e inclinación. Somos seres espirituales en un viaje terrenal. Nuestra espiritualidad construye nuestro ser”, John Bradshaw. 

Mensaje muy sabio que nos lleva a meditar sobre muchísimos temas, pero quizás el más importante de todos: Detenernos a pensar en nuestro espíritu, en la divinidad que tenemos dentro y que no utilizamos, bien sea por ignorancia, por desidia, por indiferencia, por habernos acostumbrado a vivir solamente, sin pensar en lo que podríamos lograr cuando somos conscientes de su importancia, de su riqueza, de tantas cosas buenas, milagrosas, excepcionales, que alcanzaríamos a través de ella. Es una fuerza poderosa, invisible, que siempre está presente en los momentos mas difíciles de la vida: en las enfermedades, en las adversidades de todo orden, en las angustias, en los momentos de desolación, de soledad, de desesperanza, esperando nuestra solicitud, nuestra voz de ayuda, de auxilio, de socorro. Qué lástima que hoy, en el mundo que estamos viviendo de impresionantes adelantos tecnológicos, rodeados de una exagerada e ilimitada ciencia, de explicaciones científicas más allá del entendimiento humano, hayan olvidado y desaparecido completamente a Dios; por eso tenemos que reconocer que estamos dotados de un cuerpo y un alma, esa parte invisible que habita en nosotros y que una gran mayoría ignora y no sabe utilizar. Ahora mismo, cuando los sucesos de todo orden en nuestro país y en el mundo entero, nos llenan de angustia, de dolor, de desesperanza, cuando vemos los rostros bañados en lágrimas de tanta gente humilde en los que se refleja el desamparo, cuyas vidas carecen de tanto; cuando han sufrido y continúan sufriendo de abusos, de amenazas, de sus seres queridos asesinados, desaparecidos, y aún sin ninguna respuesta, es cuando se necesita con urgencia de la fuerza del espíritu para no enfermarnos; es cuando debemos invocar esa energía divina, esa ayuda que quienes la conocen, la llaman cuando están enfermos y que es la que los llena de fe, de seguridad, de sanación; esa que cada día deja perplejos a los médicos con curaciones asombrosas; es la presencia invisible de Dios; la que predicó Jesucristo; la que enseño y mostró a través de sus milagros. Es la fuerza de creer y de encontrar el apoyo, la luz, la solución a tantas situaciones de la vida. Por eso el tener fe, es la respuesta a muchas necesidades; es la manifestación que anhelamos y que, de acuerdo con nuestra actitud, nos lleva a resultados que quizás parecían imposibles y que llamamos prodigios.

“No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo”. León Tolstoi.


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