Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / JUN 21 2018

Fútbol sin educación

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hizo un préstamo el mismo día que su quinto hijo nació para comprarle el uniforme completo, guayos y el balón. Los pañales esperan, la leche no —pensó— porque este niño tiene que ser futbolista. Estaba convencido que su hijo futbolista profesional los sacaría de pobres. El fútbol representa a niños, jóvenes y familias de pueblos olvidados o barrios marginales que piensan ganar bien y rápido para matar la pobreza. Nuestros 23 futbolistas del mundial de fútbol tienen su futuro económico consolidado pero hay otros que viven de la ayuda solidaria. De los cinco futbolistas de Antioquia, uno es de Necoclí y otro de Itagüí. Los tres del Cauca nacieron en Guachené, Padilla y Caloto. Los dos del Atlántico en Santo Tomás y Puerto Colombia.

Pocos piensan que una vez retirados se encuentran con la realidad del desempleo. Los altos ingresos se esfumaron desde que firman el contrato porque no cimentaron su formación académica. En realidad son escasos los futbolistas de Colombia que después de jugar tienen una situación económica estable. Truncan su sueño de riqueza con futuro económico seguro. La mayoría está sin empleo ni ilusiones.

La tesis de grado ‘Nivel educativo de los jugadores de fútbol profesional de Colombia y el aporte de los clubes para iniciar estudios superiores’ de John Jairo Sandoval G, concluye que el 73% de los encuestados cursó estudios secundarios y el 20% universitarios. Varios de ellos no los terminaron como el caso de nuestros jugadores emblemas Falcao García que estudió dos semestres periodismo en la universidad de Palermo, Argentina, y James Rodríguez, quien cursa ingeniería de sistemas a distancia en la Unad.

Los futbolistas trabajan cuatro horas diarias y descansan el resto. Con apoyo de los clubes y con sacrificio podrían estudiar una profesión que asegure su futuro, máxime que consolidan la profesión del fútbol competitivo después de los veinticinco años, edad para terminar estudios universitarios. La legislación vigente habla de derechos pero no de formación académica. Alguna regula los del equipo como aquellos de formación y mecanismos de solidaridad, los cuales “permiten que los clubes que trabajaron en la instrucción y educación de un futbolista desde sus 12 años reciban un resarcimiento por ese trabajo realizado y por los recursos invertidos en un jugador que quizá no llegó a debutar en el primer equipo de esa entidad”. —www.goal.com—.

Acolfutpro, Asociación que agrupa a nuestros futbolistas profesionales tampoco trata el asunto de la escolaridad. La ley 181 de enero 18 de 1995 en el artículo 3º, primer objetivo rector, establece “integrar la educación y las actividades físicas, deportivas y recreativas en el sistema educativo general en todos sus niveles”, pero no lo cumple.

“El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería”. Lo reafirma Eduardo Galeano en su libro El fútbol a Sol y sombra, página 16. Predicción para los jóvenes convertidos en futbolistas sin fundamentar su futuro con base en la educación superior.

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