Sabado, 20 Jul,2019
Opinión / JUN 15 2019

Gonzalo G., alcalde calarqueño

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Como a pocos calarqueños en esta ciudad, a Gonzalo García le observo su amor por nuestra comarca desde cuando ambos estudiamos en bachillerato. Insuperable para las matemáticas, era el tipo de alumno que los profesores nos ponían de modelo.

¿Cuántos alcaldes de Calarcá han sido efectivamente calarqueños, cuando toman decisiones que ayudan a la comunidad? No es tarea cómoda cualificar y cuantificar dichas cifras humanas a lo largo de nuestra penosa historia administrativa. La prueba fehaciente, sigue siendo el colectivo desencanto, la apatía general, este descontrolado pesimismo ciudadano que campea a sus anchas por múltiples estratos de la ciudad. Entre los vitales pueblos quindianos, inmersos desde la aurora hasta el atardecer entre druídicos verdes, cada municipio con sus particulares características provincianas y sus insolvencias, embelesando turistas con el paisaje o la arquitectura, con la reconocida cordialidad de su gente, ninguno tan desafortunado como Calarcá. Municipio con la leyenda y la historia más atractivas y consistentes de la región. No menciono el lugar donde dicen haber detectado coltán en Calarcá, acaso un fabuloso bulo provinciano para equipararlo con los míticos tesoros quimbayas que el batallador cacique y mohán pijao sepultó en las entrañas de la emblemática Peñas Blancas. A lo largo de los últimos 30 años, Calarcá ha sido territorio de perennes decepciones y fracasos con muchos de sus alcaldes. Antes y después de votaciones, algunos nombres siguen repitiéndose con enojo y sorna. Mientras los demás pueblos del Quindío tienen una particular dinámica de avance en variados aspectos de su desarrollo o presentación física con lo arquitectónico, lo paisajístico, ecológico o comercial, nuestra ciudad sigue sin identificar a fondo, recuperar, estimular y promocionar cuanto la saque de su marasmo. Si los protagonistas de la astenia económica, cultural, deportiva y cívica que afecta todas las generaciones de calarqueños pueden ubicarse entre diversos nichos partidistas, este columnista, que no ha sido integrante de ningún grupo político, que no lo soy y jamás lo seré, afirmo de manera pública, con intuición poética esperando siempre lo mejor para Calarcá, pueblo de mis ancestros, y fungiendo sin intereses como vocero de centenares de calarqueños a quienes escucho y con los cuales comparto ideales, que Gonzalo García Rivera, con su integridad moral, sus planes de desarrollo, su experimentada capacidad de gestión, su sentido humanístico y el pormenorizado conocimiento de nuestras insolvencias, marcará un hito como alcalde para la estructuración y consolidación de aquella Calarcá que tantos soñamos. En torno a su nombre se afianzan numerosos grupos culturales, centenares de calarqueños de civismo esperanzado: estudiantes universitarios, comerciantes, escritores, profesores, ecologistas, caficultores, ganaderos, periodistas, gente de variada condición económica y sociocultural, dando su apoyo a quien se consolida desde ya como la más convincente ruta para realizar cuanto parece una utopía.


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