Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / JUN 28 2018

Gratitud e incidencia

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El acuerdo programático entre la campaña del hoy presidente electo el doctor Iván Duque y la primera mujer vicepresidente en la historia de Colombia, la doctora Marta Lucía Ramírez, con el partido político Mira, fue producto de la convicción. La colectividad, por unanimidad, consideró que se trataba de candidatos extraordinarios.

Lo anterior produjo en el partido un trabajo en equipo resuelto, alegre, sincero, que permitió transmitir lo que tenemos en el corazón: un deseo gigantesco de servir a los demás y conectar con la ciudadanía. Esta característica fue una constante en Colombia y en el exterior, multiplicando los comentarios positivos sobre Mira en cuanto a organización y disciplina, pero sobre todo, inspirados en la calidad y calidez de sus integrantes.

En consecuencia, solo tengo palabras de sincera gratitud y un sentimiento de felicidad enorme, a causa de la gente maravillosa que ha estado con nosotros, que apoyó y respaldó esta nueva etapa.

Los resultados fueron evidentes, tanto en los siete millones y medio de votos de la primera vuelta que sobrepasaron los seis millones de la consulta interpartidista del 11 de marzo, como en la segunda vuelta, superando los diez millones de votantes; alcanzando el 54% de la participación, lo cual permite a los elegidos contar con un margen amplio de legitimidad y aceptación popular para el desarrollo de la propuesta política que han planteado.

La mención de las cifras anteriores pone de presente un hecho político muy interesante: el aporte del pueblo cristiano en general y del partido político Mira en particular, fue decisivo para alcanzar la presidencia. El peso electoral de aquellos dos millones de personas aproximadamente, significa un gran avance en términos de participación, pero más que todo, de incidencia política en las decisiones ciudadanas que a todos competen.

Hemos sostenido que la relación entre religión y política se debe dignificar. La primera aporta a la segunda valores y virtudes los cuales, puestos en operación en el escenario público, implican honestidad, buen manejo de los recursos públicos, justicia social y equidad, entre muchos otros beneficios. Celebramos entonces, estos avances; porque Colombia comienza a percibir el hecho religioso y su aporte en política de manera diferente, destacando los aspectos positivos que está en capacidad de comunicar a la sociedad y al país.

@ Baena

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