Miércoles, 18 Sep,2019
Opinión / JUN 25 2019

Guayacanal

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En una maravillosa narración de memorias autobiográficas el notable escritor William Ospina ha entregado al público lector una obra deslumbrante, con el rigor de un lenguaje bien escrito1, en sus propias palabras: “este es uno de esos libros que se escriben en poco tiempo, pero se gestan en mucho. 

A lo largo de toda la vida estuve acumulando experiencias, imágenes y frases que tenían que ver con esa historia”2; una novela que incursiona en la vida de sus bisabuelos, sus abuelos, su familia y su infancia en Padua, páginas con mucha ternura de algunos municipios del Tolima y Caldas, sus anhelos más fuertes, sus ideales y esas tragedias interminables de la violencia abominable. Y desde luego el exilio huyendo de sus aldeas ensangrentadas, la chusma, de Sangrenegra y Desquite: “Pasar de aquellas aldeas perdidas en la niebla, junto al abismo, de los pinares oscuros, del clima de asechanza y violencia, de la potestad de los grandes curas vestidos de negro, a la alegría de los atardeceres abiertos, a un cielo del color de los chontaduros y de los mangos, era escapar al horror”(pág. 44).

Ospina con su última obra regresa a su querencia, a los caminos olvidados y las grandes montañas que llevan a Padua, a sus antepasados y recrea con alegría musical y poética, el ambiente de bondad y sencillez de una región olvidada por Dios; quiere inmortalizar su pequeño villorio como ya quedó gravado para la historia Aracataca de García Márquez, guardadas proporciones: “Guayacanal es el nuevo mito de Colombia, es la historia de un paréntesis de paz que duró setenta años, de una época en que los peregrinos eran recibidos con empatía y en la que las banderas rojas y azules de la política empezaron a cubrir los cuerpos sin vida que por tradición y no por convicción pertenecieron a un discurso y a una ideología” 3.

Es una obra apasionante, alegre, bien escrita, que incluye una bella acuarela de fotos de la época no identificadas al pie del texto, lo cual exige al lector una lectura cuidadosa que le permitirá encontrar las claves de un pasado alucinante: “Nadie podía saberlo en ese momento, pero fue así como Jorge y yo nos despedimos de Guayacanal. Solos, libres, confiados, ante los grandes cañones, recorrimos la tierra que fue la vida de nuestros abuelos”. (pág. 244).

Lectura que recomiendo para estos días de asueto.

1 Ospina, William. Junio 2019. Guayacanal. Random House. 245 páginas.

2 Osorio Guillot, Andrés. El Espectador. 16-06-19

3 Opus cit.


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