Lunes, 27 May,2019
Opinión / OCT 02 2018

Habitar el Quindío

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La tasa actual de desempleo en Armenia 16.1%, la segunda a nivel nacional después de Quibdó 18.4%, según el Dane, es posiblemente la muestra de lo que ocurre en los otros once municipios del Quindío en términos de empleo. Una de las mayores preocupaciones que trae consigo esta calamidad socioeconómica, consiste en servir de pretexto para la justificación de cualquier tipo de proyecto de desarrollo en aras de la generación de empleo, es decir, sacrificando criterios que orientan el buen uso de ecosistemas o socioecosistemas. 

La acción técnica humana y la naturaleza no son necesariamente enemigas. Así lo constata, por ejemplo, la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio mundial —Unesco, 2011—. En realidad, esta declaratoria constituye una guía para la consolidación del modelo técnico de desarrollo que requieren el departamento y la región. De hecho, según la última medición del Dane, el “sector comercio, hoteles y restaurantes”, asociado al turismo, fue el que más empleo generó. Hay que reconocer que la dinámica del turismo en el Eje Cafetero está fuertemente motivada en el paisaje cultural evaluado por la Unesco. En consecuencia, restaurar y preservar este patrimonio mundial es garantía de sostenibilidad económica y ambiental para la región.

Ahora bien, proteger el Paisaje Cultural Cafetero o prevenir los riesgos no supone enfoques tecnófobos. Por el contrario, la ecología contemporánea insiste en el hecho que los ambientes que nos rodean son el producto de una historia donde se articulan perturbaciones naturales y perturbaciones de origen humano. En esta concepción dinámica conviene más bien preocuparse por las capacidades de adaptación de las comunidades y del paisaje a las perturbaciones del medioambiente, donde la diversidad biológica es garante de adaptación. En otras palabras, el cultivo de la biodiversidad permite preservar el potencial evolutivo del paisaje, en tanto mosaico de ecosistemas.

No se trata entonces de una negación al desarrollo del Quindío, pero sí de tomarnos muy en serio las amenazas que actualmente se ciernen sobre el Eje Cafetero: monocultivos para la exportación en función de agroquímicos, minería contaminante, artificialización de medios naturales, turismo de masas, pequeñas centrales hidroeléctricas, crecimiento urbano sin control, entre otras. Algunas de estas amenazas ya han disminuido progresivamente las oportunidades de trabajo digno en la región, otras han provocado la carestía de la vida y otras han desmejorado la calidad de vida.

En nuestros días, a fin de prosperar en un desarrollo sostenible y responsable, podemos apoyarnos en diferentes especialidades en pleno avance tales como la ecología del paisaje, ecología de las perturbaciones y ecología de la restauración. Este nuevo contexto científico y técnico significa que se puede habitar el Paisaje Cultural Cafetero concibiendo actividades humanas favorables a los socioecosistemas y promoverlas en detrimento de aquellas que son nocivas y que nos han conducido, entre otras razones, al aumento del desempleo.


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