Martes, 15 Oct,2019
Opinión / MAY 12 2019

¿Hacia dónde va Colombia? I

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A Colombia lo queremos por la calidez de su gente, por la majestuosidad de sus ríos, por sus verdes y amplias praderas, por la imponencia de sus cordilleras, por esas miles clases de verde que iluminan nuestra esperanza y por su colorida biodiversidad que cautiva a propios y extraños, tanto así que muchos de los que nos visitan se han dejado cautivar por su belleza y, esperanzados en el resurgir de la economía y de los nuevos vientos que deben llegar producto de la firma de los acuerdos de paz, han decidido instaurarse en Colombia y se ha consolidado con arraigo en nuestra patria.

La gran mayoría de los colombianos de todos los sectores sociales e ideológicos, vemos con preocupación cómo nuestra patria amada se está desmoronando, como se cae a pedazos día a día a causa de los malos gobiernos, de la corrupción en todos los ámbitos, en especial en el político, de la deshonestidad de los funcionarios públicos y de la mezquindad del sector privado.  “De todo hay en la viña del Señor” dirían las abuelitas refiriéndose a Colombia, sobre todo  a esos malnacidos políticos sin escrúpulos que se apropian del erario público sin importar el grave daño que le causan a la sociedad.  

Señor presiente Duque, en nuestro país, que también es su país, nos está cogiendo ventaja el más perverso de todos los males: la indiferencia, y con tristeza vemos como usted es uno de los contagiados por ella.  Sumado, claro está, a la corrupción que es otro de nuestros grandes males y a la absurda guerra interna, que ya supera las seis décadas y deja más de 8 millones de víctimas. Y qué decir del fracking, de la minería a cielo abierto, de la tala indiscriminada de bosques, de la concesión minera de los páramos liderada por su padrino y antecesor Álvaro Uribe,  de la hambruna del pueblo, de la descomposición social, de la drogadicción, de la prostitución, del asesinato de los líderes sociales, de la precariedad en la salud y en la educación, del abandono del campo…la lista es larga y con un gobierno manipulado por unos pocos, se alarga cada día más.

Parece que la única esperanza real, concreta y garantizada para que se dé un cambio total —en la forma como no avanza el país— es que pase el tiempo rápido para que salga para siempre un presidente que ni se ve ni se siente. 

 


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