Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / JUL 24 2018

Hagamos la tarea bien hecha

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Tradicionalmente la familia ha sido un entorno de amor insustituible para la enseñanza, ilustración y la transmisión de los valores, éticos, sociales, culturales y religiosos, aspectos esenciales para el desarrollo y bienestar de todo ser humano. Actualmente ese núcleo se encuentra en un proceso de transformación y quizá esto se puede llamar mejor, la familia está en crisis, las opciones que brinda el mundo moderno impide generar compromisos prolongados, la libertad individual ha hecho que nos olvidemos del otro, prevaleciendo el estándar de ‘la familia sin vínculos’.

Concretamente la relación familiar depende más de la voluntad y la solidaridad con que se brinde acompañamiento, formación, amor y normas de crianza, lo que influye notablemente en el desarrollo social del individuo, dejando instaurado un manual de guía que perdurara siempre, sin esta guía de difícil manera lograra una persona enfrentar el mundo de manera integral.

Hay realidades que no se pueden negar, en las relaciones entre hijos, padres y demás integrantes de la familia existe una clara falta de amor, de entrega y comunicación, lo que normalmente se da por ósmosis ya no tiene un funcionamiento innato, el hogar se convirtió en la madriguera del egoísmo en vez de cultivarnos en valores estamos desapareciendo los auténticos sentimientos humanos. Dicen que nadie da lo que no tiene, dicho que aplica y replica en los actuales modelos familiares, para ti como mamá, papá, como hijo o abuelo, ya nadie tiene que ofrecer. En efecto hoy vemos con marcada tristeza que los hombres y mujeres de esta sociedad andan deshumanizados sin norte ni sur, la crisis de la familia es el vivo reflejo de la crisis de la sociedad colombiana.

Alguien se preguntará ¿Por qué el país está así? ¿Por qué tantos robos? ¿Por qué tantos asesinatos? ¿Por qué tanta descomposición social?, la respuesta es: porque los esfuerzos no solo pueden ir dirigidos a la economía, la infraestructura, los subsidios, y, aunque la educación es crucial en la formación de los seres humanos, la familia prima y es este el aspecto olvidado por todos. Tenemos que volver a la raíz, debemos fortalecer los grupos familiares, rescatar hogares donde coexistan valores, donde se hallen reglas, deberes, derechos y obligaciones.

La necesidad de hacer frente a esta situación social de resultados tan tristes e inciertos no debe desanimar, de hecho confirma la urgencia de la gestión educativa, del reconocimiento del otro, y del trabajo articulado. La sociedad colombiana necesita con urgencia un ministerio de la familia, que enfoque sus esfuerzos en reconstruir y co-crear los valores desde la base. El panorama estaría incompleto sin mencionar que la familia no debe depender del gobierno ni de las instituciones, solo sus integrantes podrán hacer la diferencia, por ello la invitación de hoy es a que seamos más familia, seamos más hogar, hagamos la diferencia formemos con amor entrega y dedicación, hagamos la tarea bien hecha.

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