Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / AGO 20 2018

¡Hartos!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Estamos hartos, decían los abuelos y padres cuando se cansaban de una conducta, cosa o situación. La definición de harto puede ser “que está lleno o saciado en exceso de comida o bebida” o “que está molesto con alguien o algo porque determinada cosa se ha repetido demasiadas veces”.

Consultado un profesor de derecho constitucional, de aquí, sobre los aspectos de fondo de la consulta anticorrupción, dice que las consecuencias legales serían: expedición de nuevas normas; posibles trámites de reformas constitucionales y el cambio del régimen penal.

Una vez claro el alcance y las consecuencias, tan discutido en el país y en el extranjero, solo nos queda esperar los resultados el próximo domingo, donde votarán todos los que sean connacionales. Mucho se discute sobre la eficacia o no de la invitación a votar por ella, y otros responden que con las normas existentes no se ha logrado dar una batalla eficiente contra los corruptos, ya que ese flagelo como el narcotráfico parece haber infectado no solo a la Nación, sino a sus ciudadanos. Claro que no será eficiente norma alguna si cada uno no reafirma su compromiso con los valores de una sociedad incluyente, disciplinada, trabajadora, honrada y que respete la iniciativa privada proporcionando igualdad de oportunidades.

Estamos hartos de ver cómo la desigualdad social se genera desde el enriquecimiento fácil de algunos frente a la laboriosidad de otros, que solo tiene como resultado el dominio de los detentadores de riqueza fácil. Estamos hartos de oír “ese roba pero hace”, de escuchar que tantos miles de millones fueron defraudados pero luego del tiempo y purga de penas siguen al interior de la sociedad definiendo y dirigiendo los que fueron cuestionados.

La consulta no será la solución definitiva en Colombia, pero sí es la expresión de un pueblo, el grito desesperado para los ciudadanos de bien para que rechacen la actitud y todas las formas de corrupción. Es una forma de recordarnos que los colombianos no somos corruptos, que son apenas unos pocos. Que necesitamos recuperar los funcionarios probos y hombres con valores para que los recursos del Estado se inviertan eficientemente, y que así pagar los impuestos no siga siendo un malestar, sino una acción voluntaria porque se ven las obras y acciones para una sociedad unida y tolerante. Que los gobernantes lleguen a servir y no a servirse del Estado. 


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