Domingo, 16 Jun,2019
Opinión / ABR 24 2019

¿Hasta cuándo en esas ‘garras’?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Tal vez porque la gente vive dedicada a intentar subsistir no se percibe conciencia y compromiso con la organización y el desarrollo social, por parte de la mayoría del pueblo. Es un fenómeno constante en nuestro medio: una desesperanza crónica, latente, perversa.

 

Las discusiones políticas que se viven en medios de comunicación son un pálido intento de expresar algunas corrientes de pensamiento o filosofías sociales y solo tienen algún eco en un pequeño grupo que realmente no permea los ambientes comunitarios de las mayorías que generalmente no participan activamente y ahí se abre el espacio para que los políticos se dediquen a arengar, en la plaza pública, a un grupo de personas que se reúnen bajo las indicaciones de sus líderes comunitarios, que atienden los compromisos con el partido o el candidato que los dirige, y por otro lado la ‘toma’ de redes sociales. Así, generalmente se aprovecha el momento para repetir, cada cuatro años, un cuento parecido a un pueblo parecido. Nunca falta la seriedad de un foforro, o sea, una fiesta en la que el tamalito o la lechona llenan varios estómagos al son de un ruidoso equipo de sonido. Incluso han llegado al irrespeto de armar esos foforros en barrios residenciales, entre semana y en las noches. Nada importa, el pueblo es bruto —al menos ese parece ser el trato que se le da—.

Y obviamente, las cosas se repiten y se repiten y se repiten cíclicamente. Qué otra cosa pueden explicar los balances conocidos: más de media docena de alcaldes en un periodo, otros en la cárcel, exmandatarios pendientes de cargos por parte de la justicia, burlada con frecuencia y que todo el mundo, al parecer, tiene conciencia de sus ‘anormalidades’ por poner algún nombre a sus acciones.

Mientras tanto, nuevas generaciones, quizás románticas y enamoradas de su tierra, pujan por intentar abrirse paso y generar un cambio positivo y esperanzador: no es posible seguir incólumes, indiferentes, irresponsables observando cómo muchos espacios públicos están prácticamente ‘tomados’ por los mismos grupos que tanto mal han hecho; por eso hay que rescatar la moral pero también las oficinas, las instituciones y en general todo lo de todos: empiezan a escucharse nombres nuevos y esperanzadores y de pronto, se pierde la efervescencia y al preguntar qué ocurre, alguien comenta: “el ya no va, se retiró, lo amenazaron”. Es difícil de creer que eso sea real, sinembargo cuando cierto tipo de individuos se toman los espacios que les interesa, tienden a marcar territorio al precio que sea y por eso, lo que necesitamos con urgencia es gente que tenga el valor de desafiar a esas arraigadas estructuras y lidere el cambio de lo corrupto a lo normal. Eso no tiene color político.


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