Martes, 18 Sep,2018

Opinión / OCT 24 2017

Heraldos negros

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"Esos políticos de siempre, vendrán a comprar más mercenarios prestos a feriar las aspiraciones de representación de los municipios".


En Calarcá acaba de terminar la primera ola de compra de votos: algunos ilustres representantes de la vagancia constante de “radio parque”, al igual que un amigo risueño y superficial que se dedica a la futurología de las predicciones electorales convencido que sabe de política, vendieron, esta semana la cuota parte que tienen en el futuro del municipio, a un previsivo parlamentario quindiano que se comprometió a adelantarles algunos pesos, a cambio del compromiso de apoyarlo en su pretensión reeleccionista. Al que madruga dios le ayuda, dice el aforismo.

El amigo de marras, como muchos otros, autodenominado líder de pueblo, no cuenta con mayor ascendencia dentro de las comunidades de los barrios, veredas o corregimientos, pero gracias a la escasez de verdaderos dirigentes, y a la recomendación de alguno de sus compinches, ha logrado montar un pequeño peaje, que le permitirá hacerse a un dinero mientras pasa la temporada electoral.

Como este personaje, por estos días de agite pre-electoral, empiezan a volar en círculos en el cielo del Quindío, los heraldos negros de la clientela política, que, convencidos que no tienen acceso a las piezas grandes, esperan las sobras en descomposición que vayan quedando del festín de las campañas políticas.

Además de aliviar las pequeñas urgencias económicas del momento, nada bueno quedará como beneficio de comportamientos como estos, ni en el círculo estrecho de sus apetencias personales, mucho menos en el ámbito de las responsabilidades con Calarcá. Con fortalecer a los políticos tradicionales a través del voto pre-pagado, esos negociantes indolentes contribuyen a reproducir las condiciones que atrasan el desarrollo de la Tierra del Cacique, realidad oprobiosa de la que siempre serán las primeras víctimas.

Realidades como esta, demuestran que, no solo debemos esforzarnos por hacerle frente a los cazadores de votos que aparecen en época de elecciones en Calarcá dispuestos a comprar el poder decisorio de sus ciudadanos; evidencian también que, peor que los malos líderes políticos, son los malos seguidores, los ciudadanos negociantes, que detrás de una escaza remuneración son capaces de vender hasta su propia conciencia.

Después, esos políticos de siempre, vendrán a comprar más mercenarios prestos a feriar las aspiraciones de representación de los municipios, cuando la campaña esté en su apogeo y al final, cerca de la urna, remataran con la compra directa del voto, es posible incluso que su “generosidad” les permita regalarles a sus clientes una camiseta.

Después elegidos nuevamente, se dedicaran a continuar su obra cincuentenaria de esculpir este Quindío mediocre, hecho a la medida de sus aspiraciones, con lo amiguismos y las exclusiones de siempre, donde no habrá espacio para esos comerciantes y a quienes solo les quedará como recuerdo, alguno que otra suvenir de campaña que les recordara por unos días, lo barato que se vendieron.

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