Domingo, 26 May,2019
Opinión / FEB 18 2019

Hidro-tánatos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Dice la revista Semana —10 - 17 febrero 2019— que EPM tomó la decisión de secar el río Cauca “siguiendo la triada que han mantenido como mantra para superar la crisis: primero la vida, después lo ambiental y tercero el proyecto”. En perspectiva histórica esta manera de ver el problema es una afrenta para los habitantes de toda la región impactada, pues la historia del proyecto y las consecuencias muestran lo contrario.

Acotemos algunos antecedentes. En un discurso de Álvaro Uribe Vélez gobernador de Antioquia —1995-1997—, dice: “Este proyecto empezó a tomar cuerpo en 1995 con la decisión de ISA e Isagen que nos lo entregaron para que lo adelantara la gobernación de Antioquia…”, luego Uribe firmaría la ordenanza para crear la sociedad promotora que impulsaría el proyecto. 

La organización 'Ríos vivos', ha difundido un mensaje escalofriante, en el que se lee y escucha lo siguiente: “Alias cobra comandante paramilitar hace presencia en la zona diciendo: que venía de parte del patrón, que traía orden para borrarlos a todos y despejar la zona del proyecto. Así se inició la matanza con desplazamientos y la siguiente cronología de masacres: el 1 de abril de 1996 masacre de Juntas-Valdivia, 11 de junio de 1996 masacre de la granja Ituango, 22 de octubre de 1997 masacre del Aro, 15 de noviembre de 1997 masacre de Badillo-Ituango, 31 de octubre del 2000 masacre del Cedral , 28 de agosto 2001 segunda masacre de La Granja-Ituango”; hasta aquí fueron 46 líderes asesinados que tenían posturas críticas frente a los impactos ambientales y sociales que causarían la construcción de la represa de Hidroituango.

Así el proyecto tuvo desde su inicio una planificación cuya primera etapa fue desplazar a la población del área de influencia del proyecto y la eliminación física de sus opositores, los impactos ambientales han sido incalculables y el sufrimiento de la población es indecible.

Está claro que la “triada como mantra” de que habla la revista Semana se refiere a la situación concreta reciente, pero en medio de tantas vidas perdidas, tanto daño ambiental, abordar el problema de esta manera es cruel y desenfocado.

La segunda etapa de la tragedia comenzó en abril del 2018 cuando se aceleró la construcción del proyecto, que debía ser entregado en diciembre del mismo año. En una carrera contra el reloj se aplicó una ingeniería desesperada, se tomaron decisiones improvisadas y el proyecto se salió definitivamente del diseño convencional, causando los daños y el sufrimiento ya registrado por los medios.

La tercera etapa se inició con la decisión del cierre de compuertas que secó el río; la muerte, que empezó a mediados de los 90 con 46 vidas humanas se extendió a todo el ecosistema de la región, sumándole más sufrimiento a la población ribereña y sobrecostos para los colombianos que nos tocará pagar la reconstrucción de la obra, sin saber aún en qué estado se encuentra la sala de máquinas, corazón de la obra y sí el desastre ambiental y la tragedia social podrá ser mitigada.

Los habitantes de Armenia que hace poco días padecimos solo 36 horas sin agua, y del Quindío deberíamos tener cuidado con la desviación de los causes de los ríos en los municipios de Córdoba, Pijao, Génova y Calarcá en donde se tienen proyectadas pequeñas centrales hidroeléctricas.


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