Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / SEP 06 2018

Homenaje a la Octava Brigada

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El pasado 1 de septiembre, la Octava Brigada celebró el 56 aniversario de su activación. En una sobria ceremonia, el coronel Richard González Vera, actual comandante, dirigió unas sentidas palabras ofreciendo un homenaje a la memoria de los oficiales, suboficiales y soldados, caídos en cumplimiento del deber. De igual manera, se refirió a los veteranos como arquitectos del ejército moderno y profesional que hoy tenemos.

La historia de la brigada, difícil de condensar en una breve columna, tiene sus orígenes en 1957. Eran tiempos en los que el bandolerismo, derivado de luchas partidistas fratricidas,  asolaba la región. En palabras del escritor e historiador Carlos Ortiz, “[…] aquel azuche de Caldas que era el Quindío, acuñado entre un departamento liberal foco de guerrillas y un departamento conservador nido de pájaros, estaba destinado a convertirse en una borrascosa encrucijada”.  

Para octubre de 1957, la Junta Militar de Gobierno dispuso la creación de la Jefatura Civil y Militar del Quindío con sede en la ciudad de Armenia. A la jefatura, le fueron otorgados amplios poderes para tomar las medidas necesarias en aras de pacificar la convulsionada región. Su responsabilidad incluía 17 municipios, 4 de ellos del norte del Valle del Cauca. 
Posteriormente, en 1961, se creó el Destacamento Operacional del Quindío. Este, fue el primer ejercicio de implementación del plan Lazo. Esta estrategia, propuesta por el general Alberto Ruiz Novoa, permitió neutralizar temidos bandoleros de la época. La clave estuvo en la integración de medidas militares con planes sociales y económicos.

En el destacamento, convergían las jurisdicciones de la Tercera, Cuarta y Sexta Brigada del Ejército, ubicadas en Cali, Medellín e Ibagué, respectivamente. Las condiciones de la época, sumadas a la distancia con esas unidades, dificultaban el mando, el apoyo logístico y operativo, para adelantar acciones contra las cuadrillas de bandoleros que delinquían en la zona. 

Por estas razones, en septiembre de 1962 se activó la Octava Brigada. En sus inicios, estuvo integrada por los batallones de infantería Vencedores, Voltígeros y Rifles; un batallón de artillería, el San Mateo, y de Ingenieros Francisco Javier Cisneros. A ello se sumaban una compañía de Lanceros y otra de Comando y Servicios. Pero además, por la difícil situación de orden público, en octubre de 1962 fue agregado el Batallón Colombia, que operó en la región hasta abril de 1963. 

Las tropas iniciaron un intenso trabajo en apoyo a la comunidad, a la vez que adelantaban operaciones militares. Una de los hechos más recordados sucedió en enero de 1963. En el corregimiento de Barcelona, fue ultimado por tropas del Batallón Cisneros Teófilo Rojas, alias Chispas, mítico bandolero con zona de influencia en Calarcá, Génova, Pijao y Armenia.

En 56 años son innumerables las historias, las obras adelantadas y los servicios prestados. Desde esta columna, rendimos homenaje a los hombres y mujeres que integran nuestra brigada con un saludo extensivo a sus familias. El Quindío, Risaralda y Caldas se sienten orgullosos de ustedes y agradecen el trabajo que están realizando, en especial sus aportes a la paz y a la seguridad.

Miembro Academia Colombiana de Historia Militar

 

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