Martes, 20 Ago,2019
Opinión / JUL 23 2019

Jugaditas y trampas politiqueras

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Cuando algunos sociólogos, analistas y estudiosos del comportamiento de los colombianos afirman que, hay en el país una arraigada cultura de la corrupción, la trampa y la mentira, no exageran, es evidente que así es. Por lo menos así quedó demostrado en la instalación del periodo ordinario de sesiones del Congreso de la República el sábado 20 de julio, donde el expresidente del Senado, Ernesto Macías, del Centro Democrático —coherente eso sí, con su absoluta falta de dignidad, de tacto y de respeto—, creyó que su micrófono estaba cerrado y le mencionó a quien tenía cerca que, iba a bajarle el tono a la réplica que por derecho debía hacer el senador Jorge Robledo, del Polo, al discurso del presidente Iván Duque. Quienes seguíamos la transmisión por televisión escuchamos a Macías, decir mañosamente que, “es que nos toca por obligación que ellos hablen después del presidente, le pido a la comisión que acompañe al presidente y los saco de aquí, eso no lo saben. Esa es mi última jugadita como presidente”. 

Como el país está acostumbrado a otorgarle mayor importancia a esta clase de episodios y los convierte en simple anécdota o chiste flojo, sin darle la transcendencia que realmente tiene, dejando inclusive atrás el análisis del ingenuo y vacío discurso del presidente Duque, quien fue aplaudido en tres ocasiones por el hecho de haber mencionado obviedades como: “Todos los colombianos nos sentimos orgullosos de nuestra fuerza pública, son nuestros héroes”; el segundo aplauso llegó al decir con gran entusiasmo que, “impulsaremos la propuesta de cadena perpetua para los agresores y abusadores de niños”. Y claro la tercera ovación de los congresistas fue frenética en respuesta al mandatario cuando afirmó: “Repudiamos los asesinatos de líderes sociales”. Pensar que estos tres temas son el compendio de los factores que sacarán a Colombia de una sociedad confusa, compleja, inestable, conflictiva y con vocación corrupta, es una ingenuidad sin precedentes, pues mientras siga imponiéndose una clase política con mentalidad de jugaditas politiqueras, mañosas y corruptas, con líderes que buscan el bienestar personal en detrimento del bien común; este país seguirá atrasado, intimidado, hundido en la desigualdad y sin visión de futuro. El señor Macías, ha construido su imperio electoral como muchos políticos en Colombia, con base en las ‘jugaditas’ politiqueras al igual que la mayoría de dirigentes que aprovechan la ausencia de memoria y la doble moral de los ciudadanos quienes al momento de votar olvidan que la corrupción, la violencia, la impunidad y la inseguridad se han agravado notablemente. Macías, es solo un pobre hombre mediocre, que se supo aferrar a las estructuras de poder, como ocurre aquí en el Quindío con varios líderes y dirigentes a quienes nada les importa el futuro de los jóvenes, el creciente desempleo, el medio ambiente, la falta de oportunidades; y lo peor, los políticos nuestros no pesan a nivel nacional, no son convocados, ni convocan, son fantasmas. 


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