Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / SEP 06 2018

Justicia del cielo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Olas de confusión, miedo y dolor recorren el mundo. Millares de personas buscan refugio fuera de sus tierras, se desploma la economía de países enteros, diversos grupos sociales en todos los países no cesan en sus demandas, desastres naturales emiten mensajes urgentes de reconfiguración. Sucede a escala global y se trata con fórmulas ya inocuas. Tan acostumbrados a los sonidos de lo humano y la tierra; tan desatentos al lenguaje del cielo. 

Quizás todo empezó en el mundo de los microbios. En todo caso en una deriva biológica desde las bacterias al humano, en constante actuar hemos construido el mundo: la economía, la patria, la religión, la ciencia,  la política, el arte, las instituciones, modos de nacer y de morir,  y hasta modos de amar y de hacer el amor. Y la justicia. Esto último es lo que en estudios recientes sobre el comportamiento de seres vivos, hechos en el laboratorio de neurociencias de la universidad de Chile,  se conoce como ‘posicionamiento emocional’. Se ha estudiado también en perros, gatos, cuervos, elefantes, delfines, monos y otros, y se corresponde con el concepto de lo justo.

El investigador Juan Carlos Letelier y su equipo han hecho el siguiente experimento: a un par de monos, cada uno en su jaula,  se les recompensa con pepino de ensalada por la realización de una tarea simple. También conocen que a los monos les gusta mucho las uvas. Un día colocan una jaula enseguida de la otra y, al realizar la tarea, a un  mono le dan uvas y al otro pepino. El mono que recibe el pepino se da cuenta y bota al piso el pedazo que le entregaron. En la siguiente ocasión, despedaza el pepino y lo tira  fuera de la jaula, hacia sus alimentadores, y se mueve furioso dentro de la jaula. La conclusión es que existe un sentido de justicia internalizado entre todos los seres vivientes. Lo que en adición es interesante del experimento es que este sentimiento crece en el tiempo de la escala biológica. Ahí estamos los humanos para constatarlo.

Bien vale la pena recordar el hermoso pasaje del Tao Te Ching del filósofo y escritor chino Lao-tse: “El camino —sabiduría— del cielo es como el del que tira el arco: abaja lo alto de él y levanta lo bajo; disminuye lo sobrante y completa lo deficiente. El camino —sabiduría— del cielo es quitar al que le sobra y añadir al que le falta. El camino —sabiduría— del hombre es al revés: quita al que le falta y da al que le sobra. ¿Quién tendrá de sobra para ofrendarlo al mundo? Aquel que tiene Tao. Así, el sabio hace su obra y no se apoya en ella; la hace y no se queda con ella. No pretende aparecer sabio”. Lo que necesitamos es practicar la escucha, estar atentos  a este pasaje llamado La justicia del cielo. 

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