Viernes, 18 Oct,2019
Opinión / JUL 22 2019

La conquista del espacio para la paz

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La conquista del espacio ha significado un esfuerzo descomunal en costos, desarrollo científico, tecnología e innovación, y una gran disposición de energías emocionales e inteligencia. Si bien este propósito comienza en el contexto de la Guerra Fría; no cabe duda que las misiones a la Luna han sido uno de los más grandes hitos de los habitantes del planeta, recordado ahora para celebrar el 50 aniversario de este acontecimiento. 

El proyecto Apolo 11 fue un proceso supremamente complejo que tuvo que superar obstáculos para los cuales no había solución sin la creatividad, la imaginación, la pasión y el compromiso de las 400.000 personas que participaron para lograr el sueño. Pero uno de los mayores obstáculos, según el director de la misión, fue de carácter político: “el programa espacial nunca contó con la aprobación mayoritaria de los contribuyentes por los EE. UU.”, y si no hubiera sido por la amenaza que en la conquista del espacio representaba la otrora Unión Soviética, el congreso norteamericano seguramente se habría opuesto a la misión.

El renovado asombro sentido hoy con la difusión mediática de la celebración de los 50 años del alunizaje, ha incrementado mi optimismo de que los colombianos podemos superar todos y cada uno de los obstáculos para la conquista de la paz.

La misión que inició el gobierno de Belisario Betancourt en las conversaciones con las Farc en 1984, se estrelló con la oposición de las FF.AA. y la aparición de los ejércitos paramilitares que aniquilaron físicamente a un partido entero recién nacido de aquellos acuerdos. Vale la pena recordar que el Apolo 1, primer vuelo de prueba tripulado, se incendió con los astronautas abordo antes de su lanzamiento.

Las misiones por la paz posteriores, fueron tripuladas por el presidente Virgilio Barco que logró firmar acuerdos con varios grupos armados distintos a las Farc. Posteriormente César Gaviria tuvo una trayectoria ambivalente, pues mientras firmaba la Constitución de 1991 bombardeaba Casa Verde sede central del Estado mayor de las Farc, cancelando prácticamente la misión.

El presidente Ernesto Samper pasó de largo y Andrés Pastrana fue un jefe de tripulación venido de la farándula a quien no le creían ni las Farc ni las Fuerzas Armadas en la época de El Caguán. El triunfalismo y las actitudes envalentonadas de las Farc contribuyeron al ascenso a la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, un guerrerista que durante 8 años las hizo replegar. Estacionados acá, hubo un relevo en la tripulación dirigido por Juan Manuel Santos y una nueva misión de paz llegó a buen término con los Acuerdos de La Habana.

Así como la llegada a la Luna, la misión para conquistar la paz también ha tenido sus negacionistas con teorías conspirativas que han hecho gala de un repertorio amplio de acciones para hacer abortar el aterrizaje. Por fortuna su combustible se agota.

Parodiando a Neil Armstrong jefe de la tripulación del Apolo 11, se puede decir que los Acuerdos de La Habana son un pequeño paso para el logro de la paz, pero un gran salto para el devenir de la sociedad colombiana, tal como lo han reconocido los Estados y los organismos multilaterales.

Nota: Esta columna volverá a aparecer el 2 de septiembre.


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