Lunes, 24 Jun,2019
Opinión / ENE 14 2019

'La Foré'

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cerca del cumplimiento de una veintena de años de ocurrido uno de los mayores desastres en Colombia al terminar el sigo XX, y que afectó el corazón del Eje Cafetero, el Quindío, muchas son las voces que se alzan para agradecer y otras para criticar la intervención que se hizo a través de un organismo que se creó para tal efecto y que ha servido de modelo a nivel internacional para intervenciones similares. 

No me referiré a la organización que en tres años logró ejecutar y comprometer sumas importantes para intervenir en lo social, infraestructura y económicamente la región asolada por el terremoto y azotada por una crisis económica en ciernes que venía gestando y palpando en niveles de inseguridad importantes. Ni tampoco a que esos recursos fueron ejecutados y las evaluaciones de los diferentes entes de fiscalización dan testimonio de mínimas o nulas sanciones en la operación que se realizó, pero eso podrá ser objeto de debate en cualquier escenario con las partes que así lo hagan.

El experimento se realizó, fue exitoso y ha servido para que muchos puedan presentarlo desde diferentes ámbitos, y permitido lucir sus hojas de vida en ocasiones con triunfos propios y en otras con ajenos. Solo puedo decir que estoy convencido, faltó para el Quindío la fase de reactivación económica.

Pero de lo que trata esta columna es de recordar y agradecer. Recordar como por falta de liderazgo de los gobierno locales tuvo el gobierno nacional que asumir la dirección de toda la intervención desde el día siguiente al sismo. Como en la localidad se disputaba en la sede de la Cruz Roja quién debía dirigir la emergencia y cuál su posición en la vanguardia, y mientras tanto llegaron profesionales de todo el país a hacer, a iniciar intervenciones. Seres que dejaron su familia y su confort por llegar aquí, donde se esperó la réplica del terremoto durante dos meses. Esos hombres y mujeres merecen nuestra admiración. Así como los quindianos que participaron en su dirección y ejecución.

Y qué decir de la creación del subsidio al arrendatario que no existía en el país, y la asistencia en lo social, la constitución de veedurías, y la participación de organizaciones disimiles y de todas las ideologías para convertir esta tierra en un laboratorio de paz. Y la frase de los ciudadanos beneficiados, que con cariño y tal vez con evocación materna, no decían voy para el Forec, sino que querían ir a ‘la Foré’. 

Hoy que estamos frente a este terremoto moral, debemos recordar que podemos levantarnos y reconstruir nuestra sociedad, como lo hicimos en el pasado.
 

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