Lunes, 23 Sep,2019
Opinión / JUN 24 2019

La función corruptora del congreso

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La rama Legislativa es uno de los poderes más importantes de los sistemas políticos modernos, sus funciones son vitales para la organización y la vida democrática de las naciones. Pero la función por excelencia de un Congreso es la producción de normas tanto constitucionales cuando se trata de reformas a la Carta Magna; o legislativas cuando se trata de presentar, estudiar y aprobar leyes que institucionalicen la vida de los ciudadanos. El Congreso es también un escenario de representación de los sistemas de partido; allí se expresan los grandes conflictos de intereses y las asimetrías del poder.

 

Es un órgano de carácter público donde se juega la suerte de los intereses de los sectores más poderosos de la economía, que convertidos en grupo de presión influyen para que los proyectos de ley favorezcan sus intereses privados. Un ejemplo: la industria de la comida chatarra y de productos procesados logró impedir que el proyecto de ley del etiquetado de sus productos tuvieran información clara sobre sus efectos. Hay que reconocer, que después de una prolongada acción de organizaciones sociales de familiares de víctimas y de parlamentarias limpios, se logró sacar adelante la ley que prohíbe el uso del mortífero asbesto,

La mayoría del Congreso puede convertirse en un actor de sus propios intereses, como quedó demostrado con el hundimiento de los proyectos anticorrupción. A ningún colombiano le cabe duda que este órgano es uno de los escenarios de producción y reproducción ampliada de la corrupción en el país, allí se cruzan todos los vicios y prácticas políticas tóxicas para la democracia. La conducta de personajes como la de Ernesto Macías estuvo plagada de veneno desde su primer día de presidencia del Congreso el 7 de agosto de 2018. Su discurso torpe y agresivo, sus maniobras y manipulaciones para entorpecer el funcionamiento integral de la JEP y para rematar junto al presidente de la Cámara, lograron hundir el último proyecto anticorrupción que prohibía casa por cárcel.

El Congreso no solo ha demostrado su incapacidad para reformarse así mismo, sino que en este último periodo de su legislatura se burló de los 11 millones setecientos mil votantes que le dijeron sí a la consulta anticorrupción impulsada por las bancadas de oposición y amplios sectores de la sociedad. Con diez millones de votos se eligió y reconocimos al presidente Duque, con millón y medio más que eso no tenemos estatuto contra la corrupción del Congreso. Faltaron 300 mil votos para que la consulta tuviera carácter vinculante. Se hubiera logrado con el apoyo de muchos líderes políticos y gremiales que decidieron no apoyarla. Surge una pregunta: ¿Por qué en municipios como Génova, Pijao y Buenavista feudo electoral de uno de los parlamentarios quindianos, los votos de la consulta no alcanzaron el umbral? 

Dos parlamentarios quindianos contribuyeron a hundir el proyecto. En las próximas elecciones los  quindianos tienen la posibilidad de pasar factura de cobro a los candidatos apoyados por estos parlamentarios y todos aquellos que han tenido vínculos en el inmediato pasado con los casos de corrupción en Armenia y el Quindío.

 


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