Martes, 17 Sep,2019
Opinión / AGO 22 2019

La hidra social

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Desde los albores de la cultura occidental los hombres lúcidos han olfateado cierta podredumbre en el fondo de las estructuras que constituyen el tejido de la sociedad.

Pericles, el líder de los atenienses en la antigua Grecia, en un discurso ante los ciudadanos libres advierte el surgimiento de una planta enferma, un tipo de individuo, en aumento por desgracia, a quien señala como apolítico porque permite a personas astutas decidir por él en los asuntos concernientes al bienestar público. En ese mismo periodo el ciudadano Sócrates, se propone atacar este mal mediante conversaciones críticas con sus compatriotas, cuyo origen, decía, era la ignorancia. 

Diagnóstico mantenido hasta mediados del siglo XIX cuando Friedrich Nietzsche muestra el problema con un inquietante componente ético, ya que la sociedad se había vuelto inmoral. Esto se reflejaba en una filosofía hipócrita pregonando unos valores y practicando lo contrario. Los ciudadanos de su época se habían entregado al nihilismo vendiendo sus principios humanos a cambio de una existencia mecánicamente cómoda. La Revolución Industrial vino a fundir: la apolítica, la ignorancia, la inmoralidad, las tres cabezas serpenteantes de la hidra en una mermelada de confort generando voluminosas masas de consumidores propiciando la apropiación de los recursos naturales como mercancía. 

Desde hace tiempo, psicoanalistas como Sigmund Freud han llamado la atención sobre este fenómeno; en su libro el Malestar en la cultura retrata a un ciudadano inconforme con su papel de cargador para que funcione el tren de la economía. Y más reciente, Carlos Quiroga en Argentina, viene planteando una turbadora visión consecuencia de las anteriores causas, y es que la sociedad de consumo convierte al hombre en un nuevo rico que todo cuanto toca lo convierte en oro. Es un empresario de su propio cuerpo: comprar y vender es su divisa. Él mismo es una mercancía exhibiéndose al mejor postor. Es un esclavo liberto asegurándose así mismo las cadenas.

De la nueva hidra, fuera del alcance de la espada justiciera de un valiente Hércules, emergen de sus fauces como lenguas trífidas: unos sujetos apolíticos que compran o venden su votos democrático, unos sujetos ignorantes que venden o compran títulos académicos, unos sujetos inmorales que compran o venden su vida y la de otros.

Son los nuevos amos del mundo que amenazan con tragarse todo en un largo y angustioso bostezo babeante de hastío.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net