Miércoles, 14 Nov,2018

Opinión / ENE 25 2018

La historia nos enseña que las cosas cambien

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La ley 1874 de 2017, revive la “historia” como asignatura en los currículos de nuestras instituciones educativas. En 1994 había sido fusionada con las ciencias sociales y desde entonces caminamos hacia el olvido, la pérdida de identidad y la dificultad creciente de contextualizar los hechos que acontecen en nuestro país.

La historia nos enseña la posibilidad de que las cosas cambien, leí en Vamos a clase, libro de Lizardo Carvajal; texto este, que precisamente nos invita a hacer de la clase un encuentro de entre otras cosas, de la historia que no empieza con nosotros, con un pasado que da cuenta de lo que somos y las mentes juveniles, a las que la escuela debe aportarle los elementos conceptuales y espacios de reflexión y análisis.

Debemos ocuparnos en pensar la relación pasado-presente, desde un pasado que nos constituye y nos enseña la tragedia de la guerra que no debemos repetir, el sistema político y sus protagonistas, la relación entre el aparato productivo la clase trabajadora, los avances y retrocesos socioeconómicos y a que intereses han obedecido. Destacar la enseñanza y aprendizaje de la historia como una indagación para comprender el presente, una acción interrogativa que no se contenta con saber que las “cosas son así”, sino que intenta indagar como han llegado a ser lo que son y para donde van. Identificarnos como agentes de cambio, desde acciones presentes derivadas del conocimiento y comprensión de esa historia que nos constituye, para delinear un futuro socialmente más justo y equitativo en el que todos podamos aspirar al desarrollo humano necesario para dejar de ser receptores pasivos, víctimas de la ignorancia, el desconocimiento o la apatía. No se trata pues de memorizar fechas y repetir o recitar sucesos; sino de comprender, contextualizar, asumir y dimensionar estos, en el estado de cosas actual, la no repetición y el derecho que nos asiste a escribir una historia colectiva, incluyente y conveniente para la mayoría y no para unos pocos.

Lograr que ese encuentro de saberes, intereses, lecturas y expectativas, que ha de ser la clase, logre convocar el disfrute de nuestros estudiante, constituye el reto de docentes y la escuela misma como escenario de socialización, formación, conocimiento, aprendizaje, culturización, enriquecimiento. Vale la pena recordar, tal como lo señaló C. Marx, que la historia como devenir de la sociedad tiene como impulsor la lucha de clases, desarrollada dentro de un proceso dialéctico en el que las contradicciones de clase (que aún subsisten en lo esencial) han dado lugar históricamente a cambios sustanciales y la configuración de nuevos órdenes sociales-económicos y políticos.

La reencauchada asignatura de historia posibilitará mantener la memoria histórica como legado al que tienen derecho nuestros jóvenes y las futuras generaciones; pero además como derrotero del devenir de nuestra patria. Perderla significaría social e individualmente, no saber quién se es, de dónde se viene y para dónde se va.

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