Lunes, 19 Nov,2018

Opinión / AGO 07 2010

La lucidez democrática de Agudelo Villa II

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Su erudición histórica —particularmente de la economía—, su humor caustico y el control sobre sus pasiones le permitía disertar con serenidad y maestría ante sus colegas del Congreso de la República como si estuviera ante ilustrados miembros de  la academia. Nadie en el curso de su vida parlamentaria se atrevió a irrespetar su inteligencia ni a desconfiar de su documentada memoria ni de la seriedad de sus informes y ponencias que apoyaba  en realidades históricas y probadas concepciones científicas.

Siendo abogado escogió el campo de la investigación económica –después de graduarse en London Schools of económics-, porque advirtió en esta ciencia la atalaya desde la cual podría iluminar las contradicciones de clase subyacentes en la sociedad. Como pensador de izquierda democrática tenía afinidades electivas con las teorías keynesianas y la visión Cepalina de América Latina, y esas fueron las principales —no las únicas—  fuentes en que apoyó sus criterios de oposición y búsqueda de alternativas al neoliberalismo y a la globalización económica. Fruto de sus indagaciones son sus célebres proyectos de ley  antimonopolios y contra la concentración de la riqueza, la justificación de la intervención del Estado, la redistribución del ingreso y la búsqueda de la equidad social que el país esperaba —y sigue esperando—, pero que unos partidos sordos, un parlamento mudo y un ejecutivo ciego impidieron su aprobación.

Tenía un fluido contacto con prominentes actores de la comunidad internacional y  era profesor invitado de universidades europeas y americanas. De allí que estuviera siempre actualizado en la dinámica de los acontecimientos políticos y económicos y que los centros de pensamiento lo tuvieran acreditado como uno de los más importantes líderes progresistas de América latina. Con todo este bagaje construyó plataformas económicas y programas ideológicos, cuya sensibilidad social, visión prospectiva y coherencia política constituyen un conjunto armónico de tesis —publicadas en más de una docena de libros— a las que hoy se denomina con justificada razón El pensamiento Agudelo Villa.

No llegó a ser presidente de Colombia, pero pudo haberlo sido si hubiese regateado su ética y su honor a los postores de los monopolios mediáticos y a los intereses dominantes del corporativismo transnacional que vieron en su concepción socialdemócrata una talanquera a su ánimo expoliatorio. Honores adquiridos por la vía del fraude o la impostura a ciertas personalidades no les incrementa su importancia social, académica o política, como a Borges no le hizo falta el premio nobel para alcanzar el reconocimiento universal. No fue Agudelo Villa quien perdió la oportunidad de presidir el destino de los colombianos, fue la miopía política de la sociedad colombiana que al no elegirlo se privó de poner en marcha un conjunto de ideas con cuya vigencia bienhechora y ética no estuviéramos lamentando el frustrante oscurantismo que hoy acongoja a la democracia colombiana.


*Analista político e investigador social.
Director de la Corporación de Estudios Sociopolíticos y Culturales
Colombia Plural

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