Lunes, 14 Oct,2019
Opinión / MAR 11 2018

La magia de la literatura

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Tuve el privilegio, como lo hago desde hace algunos años después de ahorrar durante todo el año, de asistir al Hay Festival, una reunión de escritores que se realiza en Cartagena y cuyo hermoso lema es “imagina el mundo”. Durante 4 días autores invitados de muchas partes del mundo charlan con el público acerca de sus obras, sus motivaciones al escribir, qué los inspira, cómo se encontraron con sus historias o qué pasaba por sus cabezas mientras avanzaban en sus relatos. Son conversaciones amenas e informales sobre lo que han visto, soñado y vivido y lo que finalmente plasman en sus obras.
 

Es un encuentro cercano con la novela, la poesía, el cuento, los ensayos y muchos otros maravillosos géneros que abarca la literatura. Todos ellos nos permiten a través del lenguaje y sus imágenes adentrarnos en universos que nos conectan con las emociones, las pasiones, las ideas, los hechos o los conocimientos. Los autores construyen con palabras horizontes distintos, dibujan el mundo, describen épocas, establecen conexiones entre los espacios en los que se mueven las personas, las comunidades o las sociedades. Convivir con personajes y entrar en sus vidas nos permite ver y entender a los otros, comprender por qué hacen lo que hacen, cuáles son sus sueños e ideales, cómo habitan la realidad seres que no conocemos.

Los libros nos provocan, nos divierten, nos entristecen, nos hacen reír, condoler, recuperar la esperanza o sentir nostalgia, porque leer involucra todos los sentidos. Una buena historia lo carga a uno de energía, lo pone alerta y le infunde optimismo. También es una oportunidad de reflexión, una disculpa para revisar episodios de la propia vida, verse identificado y ordenarla encontrándole un sentido “superador”. 

Los libros tienen otras ventajas. Le quitan a uno el miedo, le apaciguan la rabia, le calman la ansiedad, lo sacan del aburrimiento y hasta ayudan a dormir mejor. La lectura es una elección que uno toma porque lo hace muy feliz, porque es un placer individual que se disfruta intensamente, un ejercicio egoísta que nos podemos permitir sin remordimiento. 

Uno se aproxima a los libros con ganas de saber, de responder preguntas, de descifrar acertijos, con un tipo de curiosidad distinta a la de la vida cotidiana, dejándose sorprender, conducir por caminos inesperados y desenlaces impensados. Alguien decía que ser lector debía ser una profesión. Y otros van más allá al proponer que todos podríamos idearnos una coartada para leer toda la vida. Yo me adhiero a esta última recordando a mi amada abuela que nunca paro de leer. 


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