Jueves, 15 Nov,2018

Opinión / ABR 03 2017

La marcha de las paradojas

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Este sábado pasado se realizó una marcha política en protesta por la corrupción, el proceso de paz y el gobierno Santos y organizada por el partido Centro Democrático. Se pretendía una movilización masiva que diese pie a pensar que en el país hay un total descontento frente a estos fines de la marcha; aunque para otros era un termómetro que le permitía a la dirigencia de Centro Democrático la calibración de sus oportunidades electorales en el año 2018.


He llamado a este evento la marcha de las paradojas dado que el fenómeno de la corrupción no ha sido propio de estos últimos años. Es un problema de vieja data que comenzó a gestarse institucionalmente en el Frente Nacional, luego con los auxilios parlamentarios desde los sesenta y ahora con el continuado otorgamiento de favores y prebendas a los partidos con el ánimo de reclamar su solidaridad con los planes del Ejecutivo. Este fenómeno se ha recrudecido aún más con la vigencia de la elección popular de mandatarios, que desdibujó por completo la transparencia del proceso electoral, si es que era diáfano hasta ese momento. Todo este entramado se ha completado con la injerencia nociva de los poderes en la competencia de los demás. De manera que llamar a marchar contra la corrupción era un contrasentido, ya que los mismos dirigentes promotores han sido condescendientes con este fenómeno y por tanto carecen de la autoridad moral.

Marchar contra el proceso de paz es mandar el mensaje de que aún hay espacio para la confrontación belicosa de las ideas, de dejar abierta la puerta para las acciones armadas y de clausurar toda iniciativa de reconciliación. Hay un proceso en avance y las señales indican que en efecto la desmovilización, concentración y desarme se están ejecutando conforme a lo pactado por las partes. Lo mínimo que se debe reclamar ahora es acompañar el proceso, vigilarlo y llamar la atención cuando sea necesario.

En cuanto al gobierno Santos, este era el fin principal de la marcha. Era hacer visible la inconformidad y capitalizarla. Seguimos siendo un país de incautos a servicio de una dirigencia astuta que no quiere perder sus privilegios. Hay que despertar y abrir los ojos para observar que el mundo es más amplio. 

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