Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / AGO 12 2018

La mejor versión de mí mismo

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Muchos tienen sentimientos negativos sobre su apariencia física.

Intentar ser la mejor versión de sí mismo es un propósito  que nos orienta a crecer como personas. Tiene que ver con ser conscientes, auténticos y avanzar en nuestro propio conocimiento interior. Parecerse a sí mismo está relacionado con tener coherencia y esforzarnos día a día  para que coincida lo que pensamos, sentimos y la manera como actuamos. 

Pero una tendencia que va en aumento plantea un nuevo significado no tan benevolente de esta actitud y es la de que muchos jóvenes están obsesionados con  la imagen que de ellos mismos les  devuelve el celular a través de diferentes canales de las redes sociales como Snapchat,  Instagram o facetune, entre otros. Las ediciones y retoques digitales que se hacen  con photoshop y otros filtros de belleza y mejoramiento físico que tienen los smart phones producen imágenes que agradan tanto a los jóvenes y con las que se identifican a tal punto que incluso están dispuestos a acudir  a la  cirugía plástica para ser tan atractivos, delgados, jóvenes y sonrientes cómo se ven en sus selfies modificadas.

Algunos estudios han llegado a plantear que existe un desorden mental y emocional denominado Dismorfia de Snapchat, que consiste en una obsesión por ser idéntico a la versión de si mismo que producen las auto fotos corregidas, pulidas y perfeccionadas y luego publicadas con sus correspondientes “me gusta”.

Preocuparse en exceso por la apariencia física y estar en constante vigilancia de pequeños defectos lleva a estándares cada vez mas altos y expectativas poco realistas que aumentan peligrosamente, especialmente en los jóvenes, la insatisfacción con su autoimagen que generalizan a sentirse perdedores, frustrados y sin un propósito de valor. Muchos tienen sentimientos negativos sobre su apariencia física, porque sobredimensionan las características que no corresponden a los estereotipos predominantes que determinan de manera minuciosa un peso, estatura, color de ojos, de piel, pelo, grosor de los labios ideal. 

Estos defectos les causa serios malestares que están vinculados con distorsiones en la autoestima de los adolescentes y la confianza en sus propias habilidades y capacidades, así como en la sensación percibida de reconocimiento y aceptación.

Resulta pertinente generar oportunidades para conversar sobre estos temas con ellos. Sin tratar de sentar cátedra, sin insistir en que estas inquietudes sean  reales o imaginarias, si no más bien en motivarlos para que se hagan cuestionamientos y preguntas inteligentes a cerca del impacto que el uso de las redes genera en sus vidas, en sus perspectivas del mundo,  en su manera de relacionarse con ellos mismos y los demás. Así como en la posibilidad que tienen de situarse frente a esta realidad de una manera más realista, cercana a sus intereses y hacer que sean positivas e inspiradoras en lugar de ser una fuente de preocupaciones desproporcionadas porque les imponen  referentes de belleza inalcanzables y  equivocados. 

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