Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / MAY 06 2018

La razón humana

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

¿Cómo influyen las emociones, los sentimientos y las pasiones en el pensamiento y el raciocinio humano, y en qué medida determinan decisiones de vida que constituyen el destino de un individuo?

 “El amor es ciego”, por ejemplo, para señalar que el individuo es conducido por fuerzas que desconoce y no controla, y que están lejos de toda claridad de pensamiento o juicio racional. Es decir, que hay aspectos de lo humano que no entran dentro de la lógica del conocimiento o el ejercicio de la razón. Este problema lo enunció Pascal cuando dijo “El corazón tiene sus razones que la razón no entiende”. De ahí en adelante surge una especie de paralelismo; por un lado los sentimientos, por el otro, la razón. El énfasis ha recaído en la razón, privilegiar decisiones pensadas y sopesadas en las que para nada entran en juego otros elementos que puedan distorsionarlas. Quiere indicar que toda conducta humana, en decisiones y actuaciones, comprende un agente racional que es consciente de lo que hace y sabe lo que puede y quiere. En esto consiste el ejercicio de la razón, en la que tanto insistieron pensadores de la Ilustración, pues no concebían la autonomía humana sin la capacidad de valerse por cuenta propia en lo relacionado con el pensamiento y la acción. 

Elegir pareja, tener hijos, agredir a alguien, corromper la moral, optar por una profesión, no son cosas que se presenten al azar o por capricho de un destino, sino, más bien, decisiones que involucran la voluntad y la libertad de la persona. Un llamado en este sentido está comprendido en el siguiente aserto: “Actúa de modo tal que no haya nada de que arrepentirse”. Esto supone inteligencia, deliberación y conocimiento, y libertad, pues no es libre quien obedece al ciego desenfreno, o a ciega sumisión.

El carácter y la voluntad de la persona se unen a un “yo”, en los sentimientos y la inteligencia, pero también en la facultad o la capacidad de razonamiento. ¿Pero qué es lo trascendental en la persona, aquello sin lo cual no se hablaría de autocontrol ni de comunicación autentica e incondicionada? Al parecer, esto trascendental lo constituye la razón, cuando ella se encamina hacia el pensamiento autónomo, que tiene fundamento en el hecho de ser responsable, en ordenar las cosas y en orientarlas hacia la “acción interior”, en un deberse a sí mismo en la tensión, la sinceridad y la buena voluntad. La razón es la decisión de un ser que reclama autenticidad, satisfacción y actualidad, y no se somete a ninguna servidumbre o subyugación por el miedo. En términos de Spinoza lo racional sería: “no reír, ni lamentarse, ni odiar (el mal), sino comprender”. La razón es praxis que ahonda en la verdad más a fondo que lo que pueden las ciencias. 

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net