Martes, 13 Nov,2018

Opinión / SEP 06 2018

La senda torcida

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Heráclito, filósofo de la antigua Grecia, en uno de sus aforismos dijo que al nacer comenzamos a morir. La vida es una carrera hacia la muerte, por eso hay que vivir intensamente ese tiempo espacio que a cada uno le dio la naturaleza. Y a eso se dedicó Sócrates, hasta que Atenas lo condenó a morir bajo el efecto de la cicuta.

Sobre la actitud de este filósofo frente a la muerte se tejieron varias historias: Jenofonte, amigo y compañero de carrera militar, en el ensayo Apología o defensa ante el jurado, presenta a un Sócrates que no teme morir, ya que fue preparado en la milicia, y sus últimas horas las dedicará a su defensa ante las acusaciones que le hacían sus contradictores.

Platón, como discípulo y amigo, escribió una Apología donde pone a Sócrates explicando a la asamblea pronta a juzgarle que no teme a la muerte porque no hay que preocuparse de lo que no sabemos ¿es bueno o malo morir? Ante lo desconocido es mejor callar porque es perder tiempo precioso para trazar metas de vida.

Sin embargo, más tarde Platón, en el diálogo Fedón o del alma, vuelve sobre el tema y esta vez el filósofo  conversa con sus amigos compungidos porque pronto dejará de existir, entonces de una manera abrupta les habla de una alma inmortal que todos llevamos y que al morir irá a un lugar donde están los maestros, los guerreros, los sabios con los cuales se reunirá y que por eso se siente feliz de morir.

Contra esta postura platónica reacciona Friedrich Nietzsche en su libro Crepúsculo de los ídolos, atacando esta actitud como una decadencia que ha trascendido durante toda la historia de Occidente donde se ha impuesto la falsa idea de otra vida, un mundo verdadero, en el que se gozará de una paz perpetua.

Nietzsche reclama entonces el regreso al pensamiento de Heráclito donde el hombre no es un ser estático sino un no-ser que se está buscando en la aventura del conocimiento, y así enderezar el camino que Platón y Saulo de Tarso desviaron. 

“Nadie se baña dos veces en el mismo río”, reza otro de los aforismos de Heráclito el obscuro, porque todo fluye, todo cambia. Y Nietzsche concluye que la naturaleza es potencia creadora, voluntad de vivir, persistencia salvaje, superación moral.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net