Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / MAY 17 2018

La tesitura de la política quindiana

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Nuestra pueblo se formó en un crisol donde se mezclaron genes venidos de Antioquia y Caldas con otros que llegaron por el naciente —Santander, Boyacá, Cundinamarca y Tolima— y el poniente —Nariño, Cauca y Valle—, amén de algunas migraciones de alemanes, españoles, judíos y libaneses, lo que dio como resultado un caleidoscopio de apellidos y culturas en los que se esculpió la llamada quindianidad, esa que se expresó en juntas cívicas prodepartamento a mediados del siglo pasado cuando nuestro espíritu libertario no aguantó el odioso centralismo político de Manizales que por esas calendas no nos veía de igual a igual.

Personajes como Diego Moreno Jaramillo, Jesús Arango Cano, Hernando Peláez Agudelo, Jesús Ocampo Osorio, Óscar Jaramillo O’brien, Santiago Vélez Palacio, Henry Valencia Naranjo, Bedmar Vásquez Henao, Héctor Gutiérrez Mejía, Francisco Luis Gallo Gómez, Alfonso Valencia Zapata y Francisco Arango Quintero fueron líderes cívicos que encabezaron la rebelión, a los que se les unieron figuras políticas de entonces que hicieron posible la aprobación de la ley 2 de 1966 que creó el Quindío.

Hoy, 52 años después, la historia nos pone ante otro desafío cual es el de la arremetida de la politiquería y la corrupción que intenta perpetuarse usufructuando la administración pública. Ya no están los personajes de otros tiempos, pero es indudable que la flama de la quindianidad sigue viva en el corazón de muchos ciudadanos que quieren un presente y futuro mejor.

Tal vez a esto se deban las numerosas expresiones en reuniones de amigos y de trabajo, en tertulias improvisadas de café, en las redes sociales y en medios de comunicación que expresan asombro, indignación y rechazo a los casos de corrupción y apropiación de dineros públicos denunciados por la Fiscalía. Lo valioso es que todos, al unísono, reclaman un cambio sustancial porque la sociedad está harta de tanta desfachatez y mezquindad política.

Así que no dejemos que este sentimiento se apague pues representa el primer paso para cohesionar nuestra sociedad en torno al propósito superior de reconstruir moral y físicamente a Armenia y el Quindío. No perdamos de vista que transitaremos por un período de estupor en el que muchos no querrán que el sistema cambie y harán lo posible para entrabar la búsqueda de nuevos caminos. 

Sin embargo, tarde que temprano hallaremos una solución política a nuestro deterioro como sociedad, a la crisis institucional que sufrimos, a las manifestaciones de corrupción e ilegalidad, a las prácticas de la politiquería y clientelismo. Las alertas están prendidas, y de no lo entenderlo, corremos el riesgo de ir por el camino de la inviabilidad social. 

Esta será una lucha dispareja entre unos que se las saben todas con su arsenal de artimañas y otros que tenemos mucho por aprender. Es enfrentar una maquinaria organizada que se enseñó a que todo se transa y todo se pacta, hasta las consciencias. Es por esto que precisamos de una sociedad unida alrededor de un propósito colectivo, pues sería fatal que las nuevas generaciones aprendan de las censurables artimañas políticas. 

Al pueblo se le acostumbró que los políticos solucionen sus necesidades a cambio de darles el voto y entregarles el manejo de las instituciones y los recursos públicos. Cuando el sistema languidece lo único que queda es la sociedad con sus valores y principios, pero una sociedad con la capacidad de reconstruirse y enfrentar sus desafíos. Sería imperdonable que pase el tiempo y olvidemos lo que nos sucede.

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