Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / JUL 12 2018

La trampa no es el camino

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hace unos días, los barranquilleros fueron testigos de un escándalo que por fortuna no pasó desapercibido. Las directivas del prestigioso colegio Marymount, hicieron pública la carta que recibieron de la compañía que habían contratado para realizar los simulacros de las pruebas de Estado a los alumnos de grado 11. En la misiva, la empresa decía que había cancelado el contrato a un profesor que vendió a una estudiante del colegio uno de los ejercicios que iban a efectuar. “La venta de dichas pruebas generó que los resultados de los estudiantes se acrecentaran, logrando beneficios académicos”, concluía el escrito.

Ante la negativa de los alumnos a identificar la responsable, el consejo superior del Marymount decidió ofrecer una lección modificando las condiciones de la ceremonia de grado. El evento, debía realizarse en junio con la solemnidad propia del lugar donde estudian los hijos de reconocidas personalidades del mundo político, social y económico de la región. Sin embargo, el consejo lo canceló y decidió graduar a los estudiantes por ventanilla.

Las directivas, explicaron su decisión: “Primero, porque cualquier violación a la ética afecta a la sociedad como un todo y hay que crear espacios para hacer evidente ese daño. Segundo, porque la complicidad al proteger a quien compró la prueba es un antecedente preocupante. ¿Así se comportarán cuando ocupen posiciones de poder en la sociedad colombiana?”

Pero la historia no termina ahí. Algunos padres de familia interpusieron una tutela para obligar a que se hiciera la ceremonia. Un juez dictó medidas cautelares dándoles la razón. El colegio se mantuvo en su decisión, argumentando que “la ley General de Educación nos obliga no solo a la formación académica, sino también a la formación integral de nuestros estudiantes, la cual conlleva la ética y la moral como parte fundamental del proceso y sin las cuales estaríamos abocados a una sociedad caótica y sin ningún norte o freno social”.

No extraña que, en este y en otros casos, sean los padres quienes alienten aquellas prácticas que tanto critican. Julián De Zubiría, experto educador, afirma en una de sus columnas que “La idea que predomina hoy, es que hay que lograr el éxito en el menor tiempo posible recurriendo a todas las artimañas creadas o por inventar. Es la cultura de la trampa, de lo postizo, del que se cuela en la fila. Una cultura que considera ‘vivo’ a quien se roba los recursos públicos. Esa misma que condujo a que los colombianos afirmen que, a papaya puesta, papaya partida”.

En este caso, el fraude tuvo consecuencias. En lo que refiere al Quindío, existe la sensación de que hacer trampa paga. Esperemos que la justicia demuestre lo contrario.
Adenda: El asesinato de Laura Juliana Jojoa, en el centro, a plena luz del día, confirma que la inseguridad está en alza. Actuemos juntos para combatirla.

Exasesor Alto Comisionado para la Paz – Miembro Acore Quindío

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net