Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / AGO 03 2017

Las lógicas del peatón

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Los diseñadores urbanos hacen dibujos abstractos que de inmediato el caminante pone en entredicho cruzando por donde la lógica del terreno lo dicta, de manera que a los días se logra distinguir en el césped el trazo del verdadero sendero consagrado por la lógica del peatón.


Uno buscaba los recorridos que había llegado a amar, escogencia que se basaba en la calidad de la arquitectura de una calle, en el misterio que establece siempre una alta tapia coronada de veraneras, o en las calles dominadas por la actividad del comercio con sus más variopintos actores, los choferes, los bulteadores, los que siempre están obstaculizando el paso, los payasos que ofrecen mercancías, las señoras que buscan las rebajas.

La definición de calle nace de esta escogencia vivencial en la cual están involucradas las imágenes que nos dieron el cine, los libros, decimos recorrido en tanto interiormente nos estamos reconociendo a nosotros mismos como hijos de la familia humana. 

La famosa Carta de Atenas en la cual se detallaban las medidas y las condiciones a tener en cuenta para que un poblado se transformara en una ciudad, cometió el terrible error de considerar la calle como un trazo recto que une dos puntos entre sí como si la calle se limitara a cumplir despiadadamente una función estricta, olvidando que entre A y B se dan, mientras caminamos, infinidad de opciones como el encontrarnos con un amigo a quien hace años no veíamos e invitarlo a tomar una cerveza, como el observar un piquecito de fútbol de niños o entristecernos porque ya no está el ciego de la esquina, actividades e impresiones no reducibles por el estéril racionalismo de un urbanismo sin alma o como sucede en las ciudades actuales, a una salvaje improvisación que ha sido capaz de ir destruyendo las aceras, la escala necesaria de los parques, matando calles sin piedad alguna, haciéndonos alejar de lo familiar.

¿Qué catástrofe sucedió a nivel de estos conceptos para que en las dos últimas décadas el peatón haya sido ignorado trágicamente? Las estadísticas nos dicen que cerca de 150 peatones mueren al año atropellados en calles mal señalizadas, invadidas por un enloquecido tráfico vehicular y no hablamos de quienes sufren amputaciones y quedan inválidos para siempre, la cifra es espeluznante y pone de presente lo que supuso desde entonces la fetichización del vehículo, la privatización del transporte público y la guerra de transportadores, una mediocre burocracia y la ausencia agresiva de un replanteamiento de las aceras para racionalizar la circulación impidiendo las agresiones al peatón quien, bajo la ideología del progreso, quedó abandonado a su suerte.

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