Sabado, 19 Oct,2019
Opinión / SEP 16 2019

Lectura, política y rearme

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El rearme de los comandantes que desertaron del proceso de paz lo justificaron responsabilizando al Estado de una traición a los acuerdos de la Habana: A Santos por convocar un plebiscito para derrotar a Uribe, al Congreso y a la Corte Constitucional por modificar los acuerdos, al Fiscal y al embajador de los EE.UU por perseguirlos para minar el acuerdo y al presidente Duque por demostrar que no estaba comprometido en avanzar en los puntos del acuerdo y ponerle obstáculos a la JEP. 

El Uribismo, radical adversario de los acuerdos de la Habana atraviesa su propia crisis: Uribe, desciende en aceptación según las encuestas, ha sido llamado a juicio por la Corte Suprema de Justicia, las declaraciones de los testigos no parecen favorecerlo, la JEP que lo llena de temor, recibe nuevas solicitudes de militares, exparamilitares y terceros que podían comprometerlo aún más, al interior de su partido hay rupturas internas entre el sector más radical encabezado por Fernando Londoño y sus ácidas críticas al gobierno de Duque y por otro lado la pelea entre las senadoras Paloma Valencia y Cabal. 

Otro factor importante es la crisis interna de las fuerzas armadas: el regreso de los tenebrosos “falsos positivos”, la consecuente cacería de brujas para detectar los militares que filtraron información, la inconformidad de muchos efectivos de mediano y alto rango por la falta de rigor en la selección para los ascensos, los crecientes casos de corrupción, la posición de un sector importante de militares que han mostrado una postura favorable a los acuerdos de la Habana y que conocen los sufrimientos de la guerra.

 La mayoría de los analistas coinciden en que el gobierno de Duque no tiene un rumbo claro, pues su partido nació para combatir a un adversario que ya no existe por dejación de armas, y convertir a Santos, en su nuevo adversario no tiene futuro; la lucha contra los acuerdos y la JEP debilitaron la gobernabilidad del presidente en el Congreso, los llamados a la unidad nacional que podían darle alguna gobernanza se han quedado en el discurso sumado a la incapacidad para detener la ola de asesinatos de líderes sociales de derechos humanos y desmovilizados. El uribismo ganó el gobierno, pero es claro que ha perdido poder.

En la otra orilla se han producido importantes fenómenos de movilización social y política después de firmados los acuerdos: 11. 700.000 personas salieron a apoyar el plebiscito anticorrupción, 8 millones votaron por un candidato de izquierda, la conformación de un bloque multipartidista mayoritario de parlamentarios para defender los acuerdos y a la JEP, la consolidación de un sector de intelectuales, académicos, altos exfuncionarios del Estado en defensa de la paz y la receptividad que han tenido estos aspectos en vastos sectores de la opinión pública, muestran un estado de ánimo de la sociedad proclives a salir definitivamente del conflicto armado.

Estos hechos debieron hacer parte de una lectura política de los rearmados antes de lanzarse a una nueva aventura que como se ha dicho, detiene el agotamiento político del Uribismo cuya cabeza dijo en el Congreso que prefiere los guerrilleros en armas y no haciendo debates en el parlamento. 

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