Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / SEP 05 2018

Lenguaje azufrado

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Casi un cuarto de siglo de corrupción alerta a los quindianos y explica cómo y porqué el próximo año hay que reaccionar en mayor grado que el 25 de octubre de 2015. Estamos mal por la constante de conductas corruptas. El terremoto es hoy la causa de la inseguridad en Armenia, Calarcá, Circasia, entre otros. Después del sismo vino la cosecha del microtráfico. Eso fue lo peor que le pudo haber pasado al departamento porque con ese formato delincuencial nació la inseguridad que hoy configura una dañina percepción. 

El desempleo arrancó desde esa época, primero, porque quindianos sin proyecto de vida se echaron con las petacas y dejaron las ganas de trabajar, acogiéndose al beneficio de ayudas que aseguraron techo a damnificados que necesitaban y a muchos que ni siquiera fueron afectados pero que se beneficiaron de la cosecha. De esa época hasta la presente, la corrupción se ha multiplicado en todas las esferas.

Con la desgracia natural empezó a llegar la indigencia y el consumo de estupefacientes que malogró la suerte de niños y adolescentes llegados con sus padres buscando la mejor suerte que llegaría a la región a repetir el milagro de Armenia. La caficultura dejó de ser básica para la economía del Quindío; por el contrario, se aceleró su derrumbe.
Con el proceso de reconstrucción tejido de la mejor buena voluntad por el Forec que le creó al gobierno un comité interdisciplinario del que hicieron parte importantes colombianos, incluido Hugo Palacios Mejía, exministro de Hacienda nacido en Armenia, salió la corrupción en el Quindío, por supuesto sin los alcances de ahora aquí y en el resto del país. El Forec fue una gran solución, pero también una oportunidad aprovechada por numerosos 'vivos'.

Por si fuera poco, llegó la racha dañina de la mediocridad política y en el viaje aterrizaron los peores políticos corruptos de que tenga noticia la historia del Quindío. Jesús Ocampo Osorio —qepd— fue el primer parlamentario de la región en quedarse con recursos públicos. Orlando Heno, el primer contralor, que en vez de defender el erario se robó parte de él. Los dos huyeron.

Insisto, lo peor de todo, viene pasando desde hace 18 años, con muchos agravantes. Uno de ellos se presenta en el periodismo ignorante que condena a los gobernantes si no hay pauta y puestos para amigos y familiares. Hay dos perversos de estos en las redes sociales que ¡sálvame Dios! Forma extorsiva como actúan. 

El lenguaje azufrado y pestilente empleado por comentaristas de pacotilla, ignorantes de lo público como de lo privado, es parte del problema social y político del Quindío. Por años el departamento tuvo a los mejores. Ejemplo, Germán Gómez, Francisco Arango, Arcesio Chica, Antonio Valencia, vigente en su ancianidad como caricaturista, entre otros muchos.

Una generación que sabía de lo que hablaba y que enseñaba a profesar periodismo con autoridad; conocían al Estado, fueron estudiosos humanistas. Su falta, es también el problema del Quindío. 

@jorgelieceroroz

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