Jueves, 18 Jul,2019
Opinión / MAR 14 2019

Libertad de cátedra

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En una conferencia dictada en la facultad de educación de la universidad Libre de Bogotá en 1978 el maestro Estanislao Zuleta planteó la oposición entre una educación como transmisión de conocimiento y otra como proceso de formación y acceso al pensamiento.

De la primera dice Zuleta que “Se puede formar un profesional en una rama particular de una manera eficaz, el resultado sería un especialista, pero analfabeta en otros campos del saber. Su capacidad de reflexión en el campo político, literario o humano sería especialmente nula, así sea un Ph.D altamente especializado”.

De la segunda, argumenta que la educación fundamentada en el acento de una formación debe basarse en la reflexión crítica: “Eso significa que la enseñanza de todo lo que nosotros llamamos materias debe tender a darse en forma filosófica, es decir con pensamiento, y no como un conjunto de información”.

Saber cuáles son los ríos principales de Colombia no es más que unos datos que se retienen mientras se presentan las pruebas de Estado, o se resuelven crucigramas y después se olvidan, no es significativo, como lo podemos observar hoy con la apatía sobre el desastre propinado al sinuoso Bredunco.

Umberto Eco fue otro intelectual que se preocupó por la educación, en un artículo publicado en el 2005, intitulado: “Aquí está el ángulo recto”, hace igualmente un contraste de cómo asimilan los niños las palabras: 

El aprendizaje por ostensión, señalarle un objeto y pronunciar un nombre para fijar su correspondencia, que el pequeño repetirá mecánicamente cuando ve algo similar. O, contarle una historia sobre el objeto como “Te acuerdas de aquel día que fuimos al jardín de la abuela y había un animal así y así…”. Y agrega Eco, “en efecto, el niño no pregunta qué es un perro o un árbol… Normalmente primero lo ve y luego alguien le explica que se llama así y así. Es entonces cuando surgen los porqués”.

Tanto Zuleta como Eco apuntan a que la pedagogía que ingresa al niño en la cultura se hace reconstruyendo la historia del concepto de tal manera que la reflexión filosófica despierte en él inquietantes preguntas que quiere resolver. 

Si se le cuenta a un estudiante la historia de cómo Pitágoras diseñó su teorema y qué consecuencias prácticas obtuvieron los pueblos que lo recibieron, el joven nunca olvidará su importancia.


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